No escondas lo que Dios te dio

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No escondas lo que Dios te dio

No escondas lo que Dios te dio

Un cristiano al igual que un niño al nacer debe crecer, porque de lo contrario, sería un fenómeno. Hablaremos sobre el tema: “No escondas lo que Dios te dio”.

No puede ser válido que un creyente dure veinte años en la iglesia congregándose y siga estancado en un mismo lugar espiritual.

Nuestro Señor nos dice a través de su palabra: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto” Proverbios 4:18.

Cuando el Señor anunciaba a sus discípulos que partiría ellos inmediatamente se entristecían.

Pero el Señor les explicó que era conveniente para ellos que él partiera, porque el Señor ya tenía un plan estipulado para ese momento.

En ese instante recibirían el poder del Espíritu Santo, el cual convencería al mundo de sus pecados.

Porque humanamente el hombre no es capaz de reconocer sus errores, pero cuando la presencia del del Espíritu Santo entra en nuestra vida.

Es que nos dice y nos muestra realmente nuestro estado, porque él “convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” Juan 16:8.

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Muchas veces nos preocupamos más por mirar el error o el pecado que los demás comenten, pero nuestros propios errores muy poco los reconocemos.

El Señor nos dice en su palabra: “¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” Mateo 7:5.

Por esta razón, es que actualmente la iglesia del Señor ha crecido en gran cantidad, porque un día nuestro Señor a través de su espíritu, nos mostró la condición en la cual vivíamos y al quedar descubiertos ante su presencia pudimos reconocer nuestros pecados.

Porque nada somos sin el Señor, y todos ante su presencia todos somos iguales.

No podríamos caer en el error de sentirnos mayor a nuestro hermano, porque “Dios no hace acepción de personas”.

Muchos menos nosotros podríamos hacerlo, porque todos nos encontrábamos en la misma situación llena de pecado y nuestro Dios nos recató.

Tenemos un Dios justo, y somos justificados porque creemos ser la obra redentora de Jesucristo.

Ninguna persona será salva por pertenecer a una familia de estrato económico alto, muchos menos por tener títulos y creamos ser más importantes que los demás.

Es un gran error pensar de esa manera, seremos salvos simplemente porque hemos creído a su palabra y hemos sido justificados por su misericordia.

No fuimos comprados con plata, oro o cosas corruptibles, el Señor nos compró a precio de sangre.

Los discípulos tal vez no entendían bien lo que el Señor Jesucristo les decía, pero ellos obedecieron fielmente a la palabra del Señor y creyeron que recibirían poder.

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Así la iglesia del Señor también debe creer lo que el Señor ha prometido, “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo” Hechos 1:8.

Debemos procurar buscar la presencia del Señor para que podamos ser investidos del poder de lo alto.

Pero para que esto suceda debemos cumplir el proceso que bíblicamente está escrito, debemos primeramente arrepentirnos.

Luego bautizarnos en el nombre de Jesús para perdón de nuestros pecados, y luego así, seremos llenos del Espíritu Santo.

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No escondas lo que Dios te dio.

Debemos creer en las promesas del Señor para con nosotros.

Para que el Espíritu Santo se derrame en su iglesia debemos estar en unanimidad.

Como ejemplo podemos ver que la palabra de Dios nos hace referencia el día de pentecostés en el cual estaban todos unánimes y justos.

Y de esa manera descendió el Espíritu Santo en la vida de cada uno de los que estaban presentes.

Dice la Biblia: “Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” Hechos 2:3-4.

Y de igual forma el Señor no quiere que ninguno de su pueblo se quede sin recibir este maravilloso poder del Espíritu Santo, es una promesa que él nos dio, y nuestro Dios cumple sus promesas.

Muchas veces vemos que las personas que más llenas están de Dios son las que más buscan estar en su presencia.

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Pero deberíamos todos dejar el conformismo espiritual a un lado y procurar llenarnos de Dios cada día.

La iglesia del Señor debe vivir en constante búsqueda y deleitarse en su presencia y experimentar lo que dice su palabra:

“En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre” Salmos 16:11.

No podemos permitir que por la falta de búsqueda de Dios la iglesia vaya perdiendo poder.

La iglesia debe retomar los principios de Dios, porque la pereza, la frialdad se quieren levantar como un gigante en medio del pueblo de Dios.

Pero no tendrá poder porque nuestro Señor sigue preparando a su iglesia para un encuentro glorioso con él.

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No escondas lo que Dios te dio.

El enemigo no tendrá cabida mientras estemos investidos del poder del Espíritu Santo.

El Señor Jesucristo cuando nos llena de su Espíritu Santo nos regala una dotación.

Cuando el Espíritu Santo desciende a la vida del creyente no solo lo llena de poder, sino que también le entrega dones y ministerios, de los cuales debemos aprender a ser buenos administradores y ponerlos a su servicio.

De esa manera se esparcirá el evangelio y podremos con nuestro ejemplo de vida rescatar muchas almas para nuestro Dios.

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No caigamos en el error de enterrar y esconder esos regalos preciados que el Señor nos entregó, es mejor que los desempolvemos y los pongamos a trabajar para que así el Señor lo pueda multiplicar.

Iglesia, evitemos quedarnos estancados, debemos diariamente buscar de la presencia de Dios, llenarnos de su Espíritu Santo y unción.

Trabajar en su obra y ganar muchas almas para su gloria, porque la iglesia del Señor debe estar en constante crecimiento.

El Señor nos dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” Romanos 12:2.

Por: Susana de Peñaloza

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