Ser diferentes a los demás

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Ser diferentes a los demás

Ser diferentes a los demás

Ser diferentes a los demás, es el tema que trataremos en esta ocasión, y como propósito tiene fundamentalmente mostrarnos que debemos hacer para no ser iguales a los demás.

Que podamos en algún momento entender que es lo que debemos hacer para poder ser íntegros en todo.

Y como íntegro podemos entender que es el estado de una persona cuando está completo en todas sus cualidades.

Por el contrario podemos decir, que no es íntegro el joven o la joven que, dentro del templo es uno y fuera de él, es otro u otra totalmente diferentes.

No podemos decir, que es íntegro alguien que dentro de la congregación muestra cierta pureza, pero que fuera de ella, hace lo que no se debe hacer.

Cuando alguien es catalogado como íntegro, esa persona o ese joven, es adorador.

No solamente cuando hay culto o servicio, sino que aun fuera de él, sigue en adoración.

Precisamente de eso se trata ser íntegro, cada vez que asistimos a un servicio.

Es una nueva oportunidad para tener un nuevo comienzo, para vivir una mejor vida en Dios.

Y que todo esto puede ser una nueva oportunidad de un caminar como a Dios le gusta, y de una vida nueva, pero en Dios.

No podemos pensar que nuestra relación con Dios es solo de eventos y ya, nuestra relación con Dios debe ser constante en todo tiempo y en todo lugar.

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Nuestra relación con Dios debe ser continua, porque él está en todo lado, a tosa hora lo podemos encontrar.

Nuestra adoración tampoco debe ser solo de altar, hay momentos en que solo queremos servir a Dios mientras estamos en el altar y solo para que nos vean.

Pero a Dios se le adora mucho mejor en el altar que está en nuestros corazones, en nuestra intimidad, porque él, al altivo mira de lejos, más a los humildes los exalta.

Hay momentos en que creemos que en lo íntimo de nuestra vida podemos hacerlo que queramos y que porque nadie se entera, creemos que todo está bien.

Pero nos olvidamos que hay un Dios que está en todo lugar, que todo lo ve y que todo lo escudriña, sobre todo nuestros corazones.

Y que para él no hay nada oculto, porque no hay nada oculto que no salga a la luz y que todo lo que el hombre hace a escondidas, en algún momento es revelado.

Ser íntegros no es hacer una cosa ante todos y a escondidas hacer otras diferentes.

Ser íntegros es que Dios nos mire y diga, este es mi hijo, porque Dios ve nuestros corazones.

Y más que nuestros corazones, Dios conoce todo nuestro interior, toda nuestra cabeza y por ende nuestros pensamientos, por eso debemos procurar ser diferentes a los demás.

Es posible que podamos aparentar mucho en nuestro exterior.

Pero para ser íntegros, así como somos por fuera, aun mejor debemos ser en nuestro interior.

Una persona íntegra, no busca el agrado de los hombres, cuando aplaude lo hace para Dios, para agradarlo a él, cuando canta, viste, habla, todo lo hace para Dios.

Y cuando hay un íntegro, Dios siempre lo bendice, sin excepción.

Más demora un íntegro en alzar sus manos y pedir, que Dios en responderle al íntegro.

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Podemos preguntar en este momento, ¿Qué nos hace íntegros?, ¿Qué hace que usted y yo podamos ser diferentes a los demás?

¿Qué hace que cuando la gente nos vea, diga, en verdad Dios está con él?

Existen dos cosas que pueden responder a estas interrogantes.

Una de ellas es la palabra de Dios, escudriñar y escuchar la palabra nos enseña cada día a ser más íntegros.

De la misma manera, en que un cojo camina derecho, un muerto es resucitado, de la misma manera como los cielos fueron hechos con la palabra de Dios.

Así esa misma palabra nos puede hacernos ser diferentes a los demás.

Y de esta misma manera también puede hacernos totalmente íntegros.

¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. Salmos 119:9.

Tomando como referencia la historia de Daniel, encontramos la forma en como él se propuso en su corazón no contaminarse de la comida que el rey les ofreció.

Y de cierta manera, nosotros podemos hacer lo mismo, proponernos a no contaminarnos de la comida que este mundo ofrece y así alimentarnos de la comida que Dios nos da.

La cual es agradable, abundante y perfecta, que nutre nuestra alma y nuestros corazones y nos llena de vida, fuerza, fe y esperanza.

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Dios nos acompaña en todo momento de nuestra vida, y por esto, es que lo podemos todo, si se puede ser fiel, si se puede agradar a Dios en todo.

No podemos pensar solo en que las cosas son difíciles y que es duro, si.

Es verdad que es duro y difícil, pero no podemos olvidar que Dios es quien está con nosotros.

Y si él está con nosotros, nada de esto es imposible, es decisión nuestra y debemos ser decididos, cuando tenemos esta determinación, Dios nos ayuda a lograr lo que sea.

Pero es cuestión que decidamos ser diferentes a los demás, ser diferentes en todo sentido y poder alcanzar la integridad que Dios quiere ver en nosotros.

Cuando alguien se decide seguir a Dios, es él quien le ayuda a emparejar el camino, a pasar todo obstáculo que lo mantiene estancado.

Si se puede ser fiel, si se puede vencer al mundo, si se puede vivir en santidad, si se puede ser íntegros, si se puede ser diferentes a los demás.

Hay momentos en los que miramos con apetito esa comida que ofrece el mundo, la miramos con deseo, porque a nuestros ojos parece agradable.

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Pero podemos mirar como cuando hicieron la comparación entre los jóvenes que comían de la porción de la comida del rey y Daniel con sus amigos.

Que el rey y su mesa se quedaron maravillados con la apariencia de Daniel y sus amigos.

Ya que, parecía que ellos estaban más llenos de vida, vigorosos y de apariencia hermosa.

Pero todo esto no porque ellos comían legumbres y agua en vez de la comida del rey.

Sino porque se alimentaban de la santa comida del rey de reyes y Señor de señores.

Cuando alguien come de la comida de Dios, Dios lo hace ser diferentes a los demás.

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Deje que sus compañeros coman, fornicación, adulterio, pornografía, música secular, maldad y pecado y puede que sea agradable a nuestros ojo, pero la Biblia dice, que eso es estiércol.

Lo que para mí era ganancia, dijo el apóstol Pablo, lo estimo ahora como basura, como estiércol.

Es decir, que a aquel que le gusta pecar, esto es lo que le gusta comer.

Y muchas veces los inconversos nos dicen, pobres de esos evangélicos.

Ya van para culto, no alegres, no se gozan, pero lo que no saben es que vivimos siempre alegres.

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Vivimos siempre gozosos porque nuestro padre es Dios y no comemos, ni basura, ni estiércol, sino que comemos pan del cielo, pan que solo Dios ofrece y que da vida.

Jesucristo es el pan de cielo, y es este pan el que nos ha cambiado la vida.

Nos ha dado paz, alegría, fe y esperanza de una nueva vida en él.

Todo me es lícito, mas todo no me conviene dice el apóstol Pablo.

Y aunque muchas veces nos parezca agradable la comida del mundo, si se puede comer solo legumbres y agua.

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En otras palabras, si se puede obedecer a Dios, si se puede ser fieles, si se puede hacer lo que la Biblia dice.

Y el que la obedece, el diablo mismo tendrá que verlo diez veces mejor.

Porque nada hay de bueno en realidad en el mundo, no hay nada allá que en realidad nos convenga.

Porque para estar en Dios debemos ser diferentes a los demás, y de esta manera poder agradarle en todo sentido.

Nuestra vida debe ser siempre agradable a él y eso solo lo conseguimos siendo enteramente íntegros y siendo totalmente fieles a él.

Por: Eliseo Estaper

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