Una vida que agrade a nuestro Dios

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Una vida que agrade a nuestro Dios

Una vida que agrade a nuestro Dios

La Biblia nos narra un acontecimiento de la decadencia del pueblo de Dios, después del reinado de Salomón, el reino fue dividido, diez tribus a un lado y dos tribus del otro. Hablaremos sobre el tema: “Una vida que agrade a nuestro Dios”.

Los reyes de las diez tribus empezaron a hacer lo malo delante la presencia del Señor e iban en decadencia.

El rey Acán, la Biblia da testimonio de que este hizo peor que todos los reyes que le antecedieron.

Pero es allí en esa condición, mientras el pecado abunda, sobreabunda la gracia de Dios, es en medio de esa condición cuando el Señor levanta a un hombre.

Su nombre es Elías, nombre que significa “Mi Dios es Jehová”.

Elías, era un hombre con unas características especiales, este era un hombre sencillo, humilde que amaba a Dios más que su propia vida.

Este era un hombre que amaba a su Dios con toda su mente y su alma, un hombre que tenía una relación íntima con su Dios.

Era un hombre celoso de Dios, un hombre que había aprendido a confiar en Dios, un hombre íntegro y consiente que la presencia de Dios estaba con él.

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También era consciente de que servía y creía en un Dios que todo lo puede, el Dios de lo imposible.

Este hombre estaba seguro que cada aliento que salía de su boca era inspiración de lo alto.

porque es inspiración del mismo espíritu de Jehová, palabra del poder de Dios que viene de lo alto, él estaba seguro de que servía al Dios vivo.

Y cómo Elías, cada uno de nosotros hemos sido llamados por Dios, porque ha visto algo en nosotros y él quiere usarnos para gloria de su nombre.

Hay obras blancas que necesitan de hombres llamados por Dios y nosotros somos esos hombres que Dios va a usar para gloria de su nombre.

El espíritu de Dios llama a hombres que puedan negarse a sí mismo, a hombres que puedan decirle: ¡Señor, yo quiero ser tu representante!

Porque eso somos, donde vamos somos embajadores de Dios, representantes de su nombre, de la gracia y el poder de Dios.

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El Señor necesita hombres que como Elías estén dispuestos porque no se rehusó el llamado.

Sino que nos da ejemplo de que obedeció el llamado de Dios y cumplió la voluntad de Dios.

El mundo necesita ver una demostración del poder de Dios cómo hoy somos testigos de la obra del Señor en nuestras vidas.

Pero hay algo claro y es que si vivimos con este gozo no es por nuestra capacidad humana, es por el poder del Espíritu Santo, de la palabra, del poder del nombre de Jesús, que es el que hace la obra.

El enemigo tiene que cerrar su boca a la demostración del poder de Dios porque esto no es con argumentos humanos ni con palabras humanas es solo con el poder de Dios.

Humanamente nada podemos hacer, pero si estamos en Cristo todo lo podemos, pero debemos tener una vida consagrada al Señor.

Una vida que agrade a nuestro Dios, obedecer su palabra, todo lo podemos en Cristo que nos fortalece.

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Dios llama a Elías y le dice: ven, y escóndete por unos días, envió a las aves para que le llevaran alimento y del arroyo le dijo, que bebiera agua.

Debemos estar convencidos de algo y es que cuando Dios nos hace un llamado no nos deja solos y mucho menos con las manos vacías.

No sientas miedo, si el Señor te envía a un lugar es porque él siempre te va a respaldar, en Jesús estamos complemente seguros.

Y en obediencia, Elías dependió totalmente de Dios y bebió del agua del arroyo, pero luego la Biblia nos dice:

“Y el agua del arroyo se secó, pero no para fracaso y desánimo del profeta, sino porque hay unas vasijas qué hay que llenar de aceite”.

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Y es que, cuando abunda la bendición de Dios hay gozo, hay alegría, y hay ganas de servir.

Cuando viene el momento de la crisis y la prueba, se tiende al desánimo pero el arroyo se seca para Dios decirnos: ¡Levántate porque hay una obra que realizar!

El arroyo no se seca para que nos detengamos a realizar la obra de Dios, el arroyo se seca para que la gloria de Dios nos aclare la visión y nuestros ojos se abran para ver la obra grande que Dios tiene en proyección.

El arroyo se seca porque hay unas tinajas qué hay que llenar de harina que representa el pan, la palabra de Dios.

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Una vida que agrade a nuestro Dios.

Hay un mundo hambriento de la palabra de Dios y es el momento en que nosotros nos levantemos a llevarle pan.

Palabra en abundancia para que la obra de Dios se realice en cada una de estas almas.

Escucha la voz del espíritu ¿a quien enviaré y quien irá? La pregunta no es ¿Dónde está el Dios de Elías sino donde están los Elías?

Que puedan responder el llamado de Dios y puedan levantarse en el nombre de Jesucristo seguros y confiados en quien hemos creídos.

No reparemos en lo que tenemos ahora, si es mucho o poco lo que pueda dejar para seguir al llamado de Dios.

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No te preocupes porque Dios te va a dar los recursos donde quiera que vayas y te va a enseñar a depender totalmente de él, porque solo en él estamos completos.

En este mundo hay una sequía sequía de Dios, de su palabra, pero hoy el Señor necesita hombres que cumplan y obedezcan a su llamado.

Que conviertan esa sequía en bendición, en lluvia del cielo y en cada uno de nosotros debe haber ese llamado.

La gloria del Señor va a llenar el mundo, es el momento iglesia y debemos sentir esa confianza, esa seguridad que viene de Dios.

Ese poder que viene de lo alto, ese valor, esa fuerza y seguridad para decir: ¡Vive Jehová en cuya presencia estamos!

Por: Orlando Tovar

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