Dónde dejaste tu primer amor

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Dónde dejaste tu primer amor

Dónde dejaste tu primer amor

Estaba observando que Éfeso como ciudad era una metrópolis, era un centro de convergencia donde todos los que estaban a su alrededor llagaban ahí. Hablaremos del tema: “Dónde dejaste tu primer amor”.

Se convirtió en un lugar estratégico para la mercadería, para los negocios, era allí donde los poderosos realizaban las inversiones.

Y si lo miramos no como ciudad sino como iglesia, Éfeso tuvo los mejores pastores.

Tuvo a Pablo y a Timoteo como pastores de la iglesia, y podemos ver que fue una iglesia muy bien enseñada, muy bien estructurada.

Si averiguamos cómo nace la iglesia de Éfeso encontramos que nace por la influencia del Espíritu Santo.

O sea, que la iglesia es la iglesia del nombre, la iglesia que recibe el Espíritu Santo, la iglesia que cree en las promesas de Dios. Hechos 19.

Podemos ver que la iglesia de Éfeso tenía una estructurada, buenos pastores y buenos líderes.

¿Quién no quisiera tener de pastor a Pablo? El hombre de los nueve dones, y era una iglesia activa y trabajadora, celosa y con buena doctrina.

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El Señor mira la iglesia y dice, si son trabajadores, si son dinámicos, conozco sus obras, si son celosos, han guardado la fe, han sido pacientes.

Les he enviado apretones de vez en cuando, los han aguantado y el Señor reconoce las características de la iglesia.

Pero tiene un mensaje después de decirle todo lo que tienen, y les dice: “pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”.

Y podríamos pensar: ¿Cuándo? ¿Dónde? si lo tienen todo, cantan, la gente se bautiza, hacen campañas, entonces ¿Dónde dejaron el primer amor?

Y ahora dice el Señor, estoy de acuerdo con todo lo que tiene, la doctrina es pura, el temor, la santidad la tiene, no son mundanos y es una iglesia de celo, sigue siendo una iglesia que no se parece a los demás.

Pero a Éfeso le pasó algo, y es lo que nos puede pasar hoy a nosotros, la iglesia empezó a cuidar la viña y la viña estuvo bonita.

Pero empezaron a descuidar al Señor de la viña, ellos cuidaron las características, no las descuidaron por ningún momento.

Lo que Pablo les enseñó, los cimientos que Pablo estableció, ellos lo mantuvieron en el tiempo.

Pero descuidaron los detalles que enamoran y si algo quiere el Señor es que nosotros lo amemos con toda el alma, que nosotros lo amemos con todo el corazón.

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Todo bien por fuera, pero el problema estaba por dentro, y cuando por fuera todo luce bonito, por dentro estamos secos y nos limitamos a repetir lo que otros dicen.

Pero no nos fluye nada por dentro, cuando todo se hace por inercia, debemos mirar qué está pasando.

Eso fue lo que le pasó a Éfeso, cuidaban las bancas, cuidaban las doctrinas, cuidaban los instrumentos.

Pero olvidaron su amor al Señor, olvidaron su primer amor, aquel que sentían cuando oraban y adoraban a Dios.

Qué bueno que en estos tiempos nos volviéramos a enamorar de Dios, que él sea todo.

Hoy muchos se apartan por cualquier motivo, problema o dificultad y se olvidan que Dios prometió estar con nosotros hasta el fin del mundo.

Que bueno que pensáramos, que aunque no nos de nada lo amamos, que aunque no nos responda aun así lo amamos, que aunque no me sane lo amamos.

Que aunque no nos de el dinero que necesitamos lo amamos, lo amamos por encima de cualquier cosa, porque él es nuestra pasión.

Si tenemos la doctrina, si tenemos la revelación, si tenemos el mensaje verdadero, si tenemos la unción.

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Dónde dejaste tu primer amor.

De nada nos vale si descuidamos la conexión con el que nos dio la unción, con el que nos dio la revelación.

Que bueno que hoy nos volviéramos al Señor, en qué momento nos olvidamos de él, en qué momento del camino.

Si los primeros predicadores eran hombres sin letras y del vulgo, pero conectados con el amado y la palabra que salía producía efectos poderosos.

En qué momento nos volvimos tan profesionales que nos olvidamos del dueño del conocimiento.

En qué momento cuando iniciamos la empresa que nos metíamos en Dios para que saliera bien, ahora no tenemos tiempo para Dios porque estamos ocupados en la empresa.

Y ahora no queremos volver por enemistades con los hermanos y ahora no queremos volver porque somos orgullosos.

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No queremos volver porque nos avergüenza que nos vea y se nos olvidó que el más importante es el Señor de gloria nuestro amado.

En el cantar de los Cantares el amado se le extravió a la amada y ella empezó a buscarlo por todos lados y no lo hallaba.

Cuidado iglesia con cuidar tantos los instrumento y las doctrinas, y olvidarnos del que nos dio todas las cosas.

Voy a hablar de tres detalles que enamoran al Señor, vamos a seguir con la sana doctrina, el temor, la santidad.

Todo lo que la iglesia ha guardado durante años, pero no vamos a volver a perder a Jesús de nuestra vista.

Vamos a volver a predicar en los buses, a predicar en las cárceles, ir a orar por los desahuciados y a los hospitales.

La iglesia tiene que volver a ese tiempo donde la gente se entregaba hoy y permanecía.

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Dónde dejaste tu primer amor.

Cuando Jesús visitó el hogar de Simón el fariseo, Jesús entró a la casa de Simón como si no hubiera llegado nadie.

No hubo una atención preferencial por parte de Simón, pero una señora que se dio cuenta que el Señor estaba ahí, aunque era pecadora.

Dice la Biblia, que la mujer se tiró a los pies del maestro y empezó a llorar de tal manera, que con sus lágrimas y con sus cabellos enjugaba los pies del maestro.

Y Simón todo petulante dice, “si este fuera el Mesías se diera cuanta quien es la mujer”.

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Simón esta allí crítico, pero ahora el Señor le hace la reclamación, y son las tres cosas que debemos colocar en nuestras vidas.

El Señor quiere tres cosas:

  • Beso
  • Agua
  • Aceite que representan limpieza, adoración y unción.

Tres cosas para que la vida nos sea renovada, muchas veces el Señor nos ha estado esperando para que le adoremos y se ha quedado con la bendición preparada para ti.

Pero hoy el Señor aun está esperando que regreses para amarte y ungirte.

Pastor: Jhon Fabio García

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