La sociología cristiana y sus fundamentos

La sociología cristiana y sus fundamentos

La sociología cristiana y sus fundamentos

Hoy hablaremos del tema: “La sociología cristiana y sus fundamentos” no es sentarse en el balcón, sino salir al camino, según la tesis de Aristóteles.

La sociología es la ciencia que suministra los principios receptivos a la humanidad y por excelencia, tiene como esencia esclarecer el conjunto de conocimientos, para orientar en efecto con:

  • Una pedagogía
  • Una moral
  • Una política sustancial

La sociología es la ciencia que dirige las culturas y las civilizaciones históricas, se cimienta sobre elementos que de manera simultánea e inseparable, constituyen el ser humano:

  • La materia
  • La fisiología
  • La razón
  • La ideología
  • Los intereses políticos o económicos
  • Lo imaginario
  • El amor
  • El odio

La sociología estudia como ciencia, los diversos factores que contribuyen a la movilidad general de los individuos o de los grupos, también se puede especificar, como el estudio científico de la vida grupal de los seres humanos.

Como campo del conocimiento, la sociología no es una filosofía social, es un sistema de valores destinado a decirles a las personas.

Cómo deben organizarse y cómo deben comportarse en consecuencia a su medio ambiente.

Ciertamente, el hombre debe ser un individuo real, que debería incluirse con la sociedad sin llegar a ser implicado por el todo, sin la incertidumbre y la inseguridad.

El conocimiento del hombre, exige el análisis de la influencia que ejercen y que experimentan sobre la forma social humana.

Todos y cada uno de los numerosos elementos que lo constituyen, sin censuras ni exclusividad.

Los seres humanos deberían vivir gran parte de su vida en grupos, interactuando como miembros de una familia, residentes de un vecindario o de un pueblo.

Como miembros de un determinado grupo social, económico, religioso o étnico, como ciudadanos de una nación.

La sociología se centraliza y se asocia a la teología para darle ciertos principios al hombre que socava en la formación, sea cristiana o secular para que no caiga en el aislamiento por su saber.

Pensando que ha alcanzado una primacía mayor por su estatus y llega a caer en el pensamiento filosófico de Aristóteles del balconcillo y no en el camino.

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La sociología cristiana y sus fundamentos.

Aristóteles, en su tesis filosófica presenta: El balcón y el camino.

Recordemos que estamos desarrollando el tema La sociología cristiana y sus fundamentos.

Para él, “el balcón es una terraza de un segundo piso”, el cual simboliza al ser humano que se esmera para educarse por ser el sapien-sapien.

Cuando sube al estatus del hombre de bien, el intelectual entre más ciencia tenga, expone Aristóteles en su tesis; que está más cerca de Dios por la altura que ha alcanzado.

El camino lo observaba Aristóteles, como las gentes transeúntes que se mueven en las calles, en el diario vivir, donde se encuentran:

  • Los cojos
  • Los mancos
  • Los pobres
  • Los hambrientos
  • Los desnudos
  • Los andrajosos
  • Los borrachos
  • Los locos
  • Las rameras
  • Los desamparados
  • Los huérfanos
  • Las viudas

Estos por ende, están bajos del ambiente cultural:

  • Económico
  • Moral
  • Espiritual

Lejos de la educación y no tienen a Dios y están sin esperanza de ser regenerados, según esta filosofía.

Si hablamos de la bibliología, este pensamiento filosófico lo vemos reflejado en el doctor Nicodemo.

En el filósofo Saulo de Tarso, en el rico opulento de Zaqueo, del acomodado fariseo Simón y a todos los que se les midió con la misma compostura.

Al doctor Nicodemo, se le apostilló: “Nadie subió al cielo sino el que descendió”.

El Señor Jesucristo le quería decir a este sofista filósofo, que para subir al cielo tenía que descender primero.

Al intelectual Saulo de Tarso, tuvo que descender y caer a tierra dejando su cabalgadura de guerrero, para así, hacerse a la promesa del Salmo.

“El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso alza del muladar para hacerlo sentar con los príncipes y los príncipes de su pueblo”. Salmo 113:7.

Al rico opulento Zaqueo, el Señor Jesús le ordenaba que se desprendiera y descendiera del árbol Sicómoro, donde estaba subido y acomodado, si quería que fuera a su casa.

Al fariseo Simón, se le dijo: “Ves esta mujer ramera lavándome los pies con lágrimas, entré a tu casa y no me los lavaste con agua”.

En otras palabras, tu estatus de altura, de fariseo, te lo ha impedido.

La teología sistemática en su rama de cristología, nos dice: ”Nadie subió al cielo sino el que descendió”.

Con esta expresión nos está indicando, que el Señor se complace en andar con los necesitados, con los cojos, con los mancos, con los pobres, con los hambrientos, con los desnudos, con los andrajosos, con los borrachos, con los locos, con las rameras, con los desamparados, con las viudas, etc.

Y para ello tuvo primero que haber descendido de donde estaba primero, para hacerse a estos y luego subir con ellos y hacerlos partícipes de la promesa del Salmo 113:5-8.

Esto demuestra, que cada seguidor de Jesús tiene que abandonar el balcón y lanzarse a las multitudes.

Porque allá fue donde el Señor les ordenó que fueran, cuando les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Marcos 16:15.

Cada teólogo dogmático o prelado, que se sube en el balcón, expresado por el pensamiento filosófico de “Aristóteles”, se balconea para vivir en las comodidades opulentas.

Se piensa, que está muy cerca de Dios y como vive en las alturas de sus conocimientos epistemológicos, mira a los que van por el camino del mundo depravado: A los necesitados, los cojos, los mancos, los pobres, los hambrientos, los desnudos, los andrajosos, los borrachos, los locos, las rameras, los desamparados, etc.

Y se comporta tal cual, como el levita, y el sacerdote frente al herido del camino de Jericó, todos pasaron de largo; ya que éste cuadro no es otra cosa, sino una analogía en nuestra época contemporánea.

A esa clase de teólogo se le recuerda la parábola del Señor, cuando envió por los caminos a recoger todo el personal transeúnte para traerlo a su casa porque ya la fiesta estaba muy próxima a empezar.

Una descripción detallada de la vida de Jesús del balcón y el camino

Dejar el Balcón es ser identificado con las multitudes y con los necesitados, es hacerse a sus propias necesidades, con sus dolores y aún en su muerte.

El Señor Jesús emprendió este camino cuando visitó la aldea de Martha y María; en la muerte de Lázaro.

Se identificó con ellas en su dolor, lloró con ellas frente al sepulcro, hasta hacerse a sus propios sentimientos emocionales, y luego, las consuela resucitándole a su hermano.

Mucha gente percibiendo esta actuación, se dio cuenta del comportamiento del Señor Jesús y muchos dijeron con exactitud: Jesús es el “Mesías”.

Vea también: Jesucristo el Mesías prometido

Este comentario se lo hicieron saber detalladamente al sumo sacerdote, cuando éste lo analizó.

Se enojó en gran manera, sabiendo que habían muchos testigos de la muerte, sepultura y resurrección de Lázaro.

Un ministro del evangelio es aquel que vive y se envuelve del medio, del hábitat que le rodea, sin colocar audiencias o días especiales, ni horas exactas de consultas para atender a sus concurrentes.

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Al Señor Jesús lo vemos siendo un hombre sociólogo, dispuesto a hacer algo por el necesitado, no importándole su dependencia, ni su status.

San Pedro explica, que también Cristo sufrió por nosotros, dejándonos ejemplo para que usted y yo sigamos sus pisadas.

San Pablo, hablándoles a los Filipenses les expresaba con perfil de mesura:  “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó al ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, su humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Y después de esa humillación vino la exaltación”. Filipenses 2:5-11. Lea filipenses 2:9-11.

“No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”. Filipenses 2:4.

Los evangelios nos cuentan la enemistad que había entre judíos y samaritanos.

Sin embargo, el Señor se extiende un largo camino polvoriento para poder llegar al poso donde pudo romper el hielo, la pared de separación que había entre estas dos culturas, cuando habló con la mujer samaritana.

Vea también: La parábola el buen samaritano

El Señor Jesús tuvo que enfrentársele a un mar furioso y brisas contrarias para llegar a Gadara.

Donde se pudo hacer a un loco y liberarlo del demonio y darle la tranquilidad a una ciudad; aunque luego, lo echaron que se fuera de sus contornos.

La parábola del herido en el camino de Jericó, el samaritano encontrado en este pasaje, no es otro.

Sino un antitipo del Señor Jesús, que era extranjero, que había venido de un largo viaje, y como dijo San Lucas: “El hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”.

Si nosotros los estudiantes en teología y los llamados prelados de hoy día, nos hiciéramos a la sociología cristiana, nunca nos subiríamos al balcón del pensamiento de Aristóteles.

Sino imitaríamos al divino maestro, y salvaríamos a muchas gente transeúntes que andan en el camino de la desesperación de la vida diaria y de la consternación.

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Si esto concibiéramos, tendríamos la promesa del señor, “Yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidieres al padre en mi nombre, él os lo dé”. San Juan 15:16.

La trascendencia de Jesús en el camino

Siempre que Jesús emprendía un camino algo nuevo sucedía. Observemos el viaje en el camino hacia Jerusalén; Bartimeo el ciego que estaba junto “al camino”.

Al pasar Jesucristo se lanzó al camino e iba gritando detrás del maestro, el cual, le dio la vista.

Cuando Jesús iba en el camino hacia la ciudad de Naín; al entrar en ella, venía una señora viuda, pobre y adolorida por su hijo que se había muerto.

Cuando él la vio, se conmovió de ella, trató consolarla, expresándole ¡no llores!, y se le acercó al féretro y ordenó que el muerto se levantara.

En cierta ocasión, Jesús iba de un largo viaje y al entrar a Jericó, encontró a Zaqueo en un árbol Sicómoro, el cual lo hizo descender y éste, siguió a Jesús gozoso en el camino hacia su casa, aunque recibiera críticas insolentes.

Otro día el Señor Jesús iba por un camino con hambre y vio de lejos a una higuera, la cual, tenía mucho fogaje y por no tener fruto la maldijo; esto ocasionó admiración para sus discípulos.

En cierta ocasión, Jesús iba a pie hacia Jerusalén, le prestaron un asno y al entrar en la ciudad se encontró con una gran multitud, y en medio de las aclamaciones, le echaron hojas de palmeras, flores aún vestidos y gritaban.

“¡Hosanna, bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey “de Israel!” y les sanó a los enfermos”. San Juan 12:13.

La gente le adoró y le llamó su rey. Las autoridades temblaron con temor y miedo, y también con odio alguien le dijo: “Maestro: reprende a tus discípulos, él respondiendo, les dijo: os digo que si estos callaran, las piedras clamarían”. San Lucas 19:39-40.

Al cumplirse la escatología del Antiguo Testamento. Al entrar Jesús en Jerusalén, pasó por el portón y por las calles de la ciudad no habían caballos de guerra.

Ni procesión vehícular para protegerlo, ni trompetas para darle la congratulación, ni funcionarios solemnes que le diera la presentación, ni ceremonias como oficial.

Solamente una figura humilde en medio de una multitud de peregrinos, que gritaban alabanzas a Dios por la llegada de este sumiso visitante, quien a su vez, le traería la felicidad perdida.

Si nosotros aspiramos tal bendición, salgamos del balcón y vengamos al camino, y allí, encontraremos a la gente necesitada y después que las socorramos, encontraremos gloria en ellos.

¿Tú quieres que Dios te use? desciende del balcón de las comodidades, de los títulos, de tus honores y articúlate al pueblo desesperado.

Sabiendo que usted en Cristo tiene la solución para este mundo que está al punto de la extinción.

Acordémonos cuando el Señor envió a los setenta, ellos regresaron con gozo, y comentaban que los demonios se sujetaban en el nombre de Jesús.

El Señor Jesús, expresó: Ustedes dicen que falta cuatro meses para que llegue la siega, pero yo os digo, levantad vuestras cabezas, porque los campos están blancos para la ciega. Y por ende, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.

En otras palabras, que salgan de los balcones hacia el público general que tanto ansían lo que tienes en el Señor.

El balcón y el camino en los días de los apóstoles

En el tiempo de la era apostólica quiso aparecer este pensamiento de Aristóteles de la del “balcón y el camino”.

Cuando los discípulos se montaron al balcón de la comodidad y de la abundancia de creyentes.

Que vendían sus propiedades y las colocaban a sus pies en Jerusalén después del día de pentecostés.

Al apóstol Pedro se le olvidó, que el Señor Jesús le había dado las llaves del reino de los cielos.

Las cuales tenían que ser usadas a tres culturas habitadas en su época: Los judíos, los samaritanos y los gentiles.

Pareciera que este balcón llamado “Jerusalén” había entrado en un ambiente de conformismo.

Que los apóstoles habían dejado la oración y la predicación para atender cuestiones secundarias, aunque más tarde la responsabilizaron a secundarios.

El Señor Jesús, observando el balcón y a sus asistentes les envió una persecución y con la muerte de San Esteban.

Tuvieron que descender: Uno para el desierto en busca del “Etiope”, otro para Samaria en busca de los “samaritanos”, hasta el mismo San Pedro, descendió para Jope en busca de un gentil llamado Cornelio.

La sociología con esta memoria, nos hace recapacitar con el mandato del Señor, de ir por los caminos y traer a los mancos, cojos, ciegos hasta llenar su casa.

La parábola de las cien ovejas nos ilustra, que el Señor descendió de su gloria “balcón” en busca de una oveja extraviada en un desierto, que simboliza la raza humana.

Estamos desarrollando el tema “La sociología cristiana y sus fundamentos” pero también te puede interesar: La parábola del hijo pródigo

Hay veces que la pobreza se convierte en un “balcón” y por ser tan pobres nos afianzamos de la capa de la miseria, no queremos hacer nada por nosotros, ni por los demás.

Como lo hizo Bartimeo, que mendigaba junto al camino; hasta que no descendió al camino y votó la capa para andar con Jesús, su problema no se le solucionó.

La escatología de Isaías, apuntaba a la manifestación de Dios en carne. Esta manifestación no era otra cosa.

Sino el brazo de Jehová desnudado ante las naciones; esto lo confirmó el apóstol San Pablo a los Corintios, cuando dijo: Dios estaba en Cristo reconciliando consigo mismo al mundo.

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Cuando Jesús nació lo acostaron en un pesebre, se aparecieron una multitud de huestes celestiales que cantaban un coro.

¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

¿Qué les inspiró a estos seres celestiales a cantar? Nada menos, que aquel que conocían en el balcón de la eternidad.

Había descendido y ahora lo veían en un velo de carne junto con los hombres, andando con ellos para solucionarles sus problemas.

Estimados lectores, qué bueno sería pensar en la sociología y descender del balcón y hacernos al camino para andar con nuestros propios contemporáneos.

Conociendo nuestras responsabilidades y aprendiendo nuestros comportamientos que debemos tener con los demás, como lo expresa la sociología general.

Las exposiciones de la sociología son importantes por varias razones.

A la luz de la sociología, podemos tener una visión más clara del entorno social y reexaminar el lugar que ocupamos en la sociedad o el de aquellos grupos con los cuales rara vez o nunca habíamos tenido contacto.

Por medio de esta ciencia, podemos conocer otros mundos y otras culturas.

De las cuales, por lo regular poco más o menos sabíamos, ni utilizábamos los medios contundentes que están a nuestro alcance como hijos y ministros de Dios.

La sociología secular siempre ha sido cambiante

Según lo declaran los especialistas en este tema. El inglés Herbert Spencer, desarrolló en 1876 una teoría de la “evolución social”.

Que en sus comienzos fue aceptada, luego rechazada y en nuestros días, ya reformada, vuelve a cobrar cierta vigencia.

Spencer, aplicó la teoría Darwiana de la evolución a las sociedades humanas. Luego creía en una evolución gradual de la sociedad, desde la más primitiva hasta la sociedad industrial.

En sus escritos señalaba, que este desarrollo evolutivo era un proceso natural, que no debería ser interferido por los seres humanos.

El norteamericano Lester Ward, publicó la sociología dinámica en 1883. En ella, abogaba por el progreso social a través de una acción mutua guiada por los sociólogos hacia el futuro.

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Emile Durkheim, publicó en 1895 las reglas del método sociológico, obra en la cual esboza la metodología utilizada en su estudio clásico sobre el suicidio en algunos grupos humanos.

Según Durkheim, quien fuera uno de los grandes pioneros del desarrollo de la ciencia sociológica, sostenía, que todas las sociedades estaban ligadas por las creencias y valores comunes de sus miembros.

Por su parte, Max Weber 1864 -1920 consideraba, que los métodos utilizados en las ciencias naturales no podían aplicarse a los problemas que exploraban las ciencias sociales.

Weber, sostenía que el sujeto es un objeto de estudio científico como sociales, en el cual, tiene que haber un cierto grado de equilibrio en sus investigaciones presentes como futuras.

La sociología cristiana y sus fundamentos nos permite percibir el origen de aquellos enfoques y actitudes que difieren bastante de los nuestros.

Y en última instancia, nos hace conocer la naturaleza de las fuerzas sociales que influyen en nuestro comportamiento acompañado con el de los demás.

Un objetivo primordial es predecir y controlar el comportamiento genuino, como se puede observar en los ejemplos ejecutados en este manual.

El estudio de la sociología también ayuda a remover los obstáculos de prejuicios, dándoles a las personas mayor flexibilidad para adaptarse a nuevas situaciones.

Brindándonos nuevas formas y fórmulas de comprender y de reaccionar ante la realidad social siempre cambiante.

Engrosado por el pastor
York Anthony Shalom
Licenciado en Sagrada Teología
Magister en Divinidades Teológicas
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