El designio de Dios y la parábola del hijo pródigo

El designio de Dios y la parábola del hijo pródigo

El designio de Dios y la parábola del hijo pródigo

El estudio de las parábolas es algo muy esencial para el estudiante de las sagradas escrituras, hoy desarrollaremos: El designio de Dios y la parábola del hijo pródigo.

De allí, se inicia el consenso de que el Señor Jesús sin parábolas no se dirigía a la multitud. Mateo 13:34,35.

Tomando como base principal tal argumento, se considera, que una parábola es un lenguaje literario, donde el locutor trata de exponer en su léxico, sucesos o temáticas escondidas, sucedidas o por suceder.

Todo esto en comparación al cosmos del cual pertenece o transita.

Por lo anteriormente expuesto, es imprescindible poseer una claridad oportuna, por lo que en la parte interna de una narración elíptica o parabólica, se deben tener en cuenta aspectos de alta relevancia como:

  • El sistema geográfico
  • La historia
  • Las ciudades
  • Los pueblos
  • Las veredas
  • Los sucesos
  • Los casos
  • Los ríos
  • Los lagos
  • Los mares
  • Los montes
  • Los cementerios
  • Las piedras
  • El lugar señalado
  • Las cosas
  • Los nombres
  • Los personajes
  • Los animales
  • Las acciones
  • Las palabras repetitivas
  • Los tesoros

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Es decir, todo lo que se encuentra narrado en la parábola, que cada nombre, frases, palabras y acciones, pueden tener su verdadera aplicabilidad, a demás, tener en cuenta, que las parábolas principian con algunas historias.

Advertencia: No se debe establecer una doctrina en base a una parábola, sino que se debe usar la parábola para ilustrar una doctrina ya establecida sobre otros pasajes.

Basado en la lectura bíblica, se determina que hay muchas parábolas predichas en los evangelios, en los cuales se vislumbra el carácter de la salvación revelada en Cristo Jesús, con todas las bendiciones otorgadas, desde el momento que el hombre abraza el evangelio.

En el evangelio de Jesucristo según San Lucas, se encuentra ilustrado la parábola del hijo pródigo, que se puede presentar desde dos enfoques generales: Lucas 15:11-24.

El primero de ellos, discierne en su forma universal por sus características acogedoras del plan que representa la historia del hombre primitivo, el caído y el regenerado, como si éste hubiese vivido cuatro mil años, personalizando todas las exclusividades del pasado.

El segundo, se enfoca en la forma diminutiva de su esencia misma, es decir, por el carácter de la parábola en el período de su exposición y su aplicabilidad.

Todo acorde a la circunstancia del tiempo en una forma hermenéutica y acogedora, para ser aplicada en el cerco de la era eclesiológica.

La preliminar observación, hace énfasis en cada uno de sus detalles, donde se proyecta la “historia del hombre, dentro y fuera del Edén”, con la maravillosa obra de salvación hecha por Dios en Cristo Jesús a su favor.

Ahora bien, como todo hijo que nace en casa y en el regazo de sus próceres, así nació el hijo pródigo y su anti tipo Adán, quien es presentado como un cuadro comparativo.

Puede leer también: Por dos caminos diferentes y un lugar de encuentro.

Según el proceder de este estudio, enfocado de manera teológica, se debe tener en cuenta, que existe otro aspecto como la salida del hijo de casa, para lo cual, se establecerá un argumento general y comparativo de este suceso.

  • El hijo en la casa

Teniendo en cuenta algunos argumentos de teólogos, comentaristas y bibliólogos, se considera, que el hijo pródigo, acobijado en la casa de su padre; es un prototipo de Adán en el huerto del Edén, antes de abandonarlo por haber pecado. Génesis 2:8.

  • Abandona el hogar

El evento posterior a tal acontecimiento es la salida del hijo pródigo, el cual parte con la bolsa de la casa de su padre, que en su proceso se convierte en un modelo de la caída del hombre, su salida como pauta de abandonar el huerto del Edén.

Es decir, renunciar a la felicidad provista por Dios. Génesis 3:23,24.

Te puede interesar: Que las circunstancias no cambien tu estado de ánimo.

  • Gastó todo lo que tenía en la miseria 

En consecuencia de su salida, el hijo pródigo gastó todo lo que tenía quedando en la ruina, en el abandono y en la miseria.

Tal aspecto, se puede ver enmarcado en lo sucedido con Adán, al retirarse de la felicidad, perdió la comunión con el creador, pues, vino la degradación y se le llevó a tierra. Romanos 1:21-28:

  • Lo espiritual
  • Lo moral
  • Lo físico
  • Lo económico
  • Lo social
  • Lo cultural

Quedó en la miseria, en la desventura y al mando de otro con dura servidumbre

En todo el desarrollo de la salida del hijo pródigo y su miseria, surge un evento que lo lleva a un estado de sujeción a otros, es decir, este personaje está sometido a llevar a cabo ordenes de superiores, a demás de restringir actividades que antes hacía.

Lo mismo le pasó Adán y a su descendencia, quedó siendo esclavo del diablo, del pecado, del mundo, de la carne, del ego, de la maldición. Haciendo cosas propias de cada uno de sus poseedores. Juan 8.34; 1 Juan 5:19 .

  • Volviendo en sí 

Estando en un estado demacrante, como lo es la sujeción de otras personas, cercado de tantas dificultades en un mundo ajeno, envuelto en la inmundicia, desnudo, sin esperanza de volverse a vestir, con hambre y ni quien le proveyera de alimento …

Reflexionó considerándose un infortunado miserable.

Se acordó de su vida pasada, cuando disfrutaba al lado de los jornaleros de su padre, que gozaban de tantas felicidades y poseían todo, sin hacerle falta ningún bien.

De allí, se considera que tal obra es lo que precisamente hace el Espíritu Santo en los descendientes de Adán, redarguyéndonos de pecado, de justicia y de juicio.

Es por ello, que con esta acción nos recuerda, que en Dios muchas gentes gozan de bienestar y si nos volvemos a él, seremos como uno de ellos. Juan 16:8.

  • Me levantaré e iré a mi padre 

Después de estar atrapado en tal desesperación, al hijo infortunado se le reveló el secreto de volver a la prosperidad:

  • Cuyo secreto es el reconocimiento de la culpa cometida.
  • Volverse nuevamente a la casa de su padre, es acercarse a la felicidad.
  • Confesarle a su padre que había faltado, es principio de humillación.
  • Ocupar el puesto que merecía por haber fallado, es símbolo de gente arrepentida. Ese es el mismo método en la vida cristiana. 1 Timoteo 1:15; Lucas 18:13; 23:40-42.
  • El abrazo del padre 

Después de haber tomado la decisión de regresar a casa, no tuvo parecer en presentarse de manera andrajosa y desconocible, no obstante, cuando su padre lo vió tuvo misericordia, después de haber confesado sus faltas y por ello, el padre determinó:

  • Darle el mejor vestido que simboliza: La distinción, el pudor y la dignidad que se le otorgan a ciertas personas especiales.
  • Colocarle un anillo, “arras”, que representa: Garantía de pertenencia a este hogar.
  • Calzado para sus pies, que significa: Protección y auxilio recibido.

Si se aplicara tal evento a la vida cristiana, se traduciría como la justificación recibida por la fe en Cristo Jesús, es decir, la justicia de Cristo imputada en el creyente (Devolviéndole al hombre lo perdido). Romanos 5:1; 2 Corintios 8:9; Efesios 4:8.

  • El cambio de ropas 

Para la aplicación a este punto temático, se hace necesario recordar, que cuando Adán pecó, se presentó ante Dios vestido de hojas de higueras, la cual le fue quitada y suplida por un nuevo vestido de la piel de un animal inocente.

De la misma forma, se puede personificar esta discerción al presentarse el hijo pródigo harapiento, desconocido a la casa de su padre, el cual sacó un mejor vestido que el que trajo, personificando de esta manera la exaltación imputada dada al creyente.

Podemos referenciarlo en: 1 Tesalonicenses 4:3; Romanos 6:22.

  • La fiesta

La actitud del padre frente a un nuevo encuentro con su hijo desaparecido, es fundamental para el desarrollo de esta parábola, ya que presenta, que el padre del hijo pródigo al ver a su hijo nuevamente en su hogar, hizo matar el mejor becerro y hacer fiesta.

Todo porque su hijo que había sido perdido, ahora es encontrado.

Es por ello, se considera, que este es un tipo de la glorificación del creyente en la venida del Señor (La fiesta en las bodas del cordero). Apocalipsis 19:9.

Un paradigma exegético

Texto: Lucas 15:11-32

Tomando como base las sagradas escrituras, la historia del “hijo pródigo”, principia con tres personajes: “Un hombre” tenía “dos hijos”, que eran muy diferentes en naturaleza y carácter.

Se describe que el hijo “mayor”, supuestamente era muy trabajador, leal, consciente de su propia rectitud, a demás de ser sumiso al calor paterno, pero al mismo tiempo se observa, como un ser necesitado de las experiencias de la vida, faltante del gozo social.

Por su parte, el hijo “menor” deseaba alejarse del hogar paterno y ver lo que había en el mundo, como persona quería estar desenfrenada, suelta de padrinaje y experimentar una supuesta mejor vida lejos de los suyos.

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Por la razón anteriormente expuesta, pide a su “padre” la parte de la herencia que le correspondía y su padre así lo hizo.

Después de la entrega, éste se alejó de su hogar y viajó a tierras “lejanas”, como si dijera: “Para que nadie me critique” y “ninguno tenga que ver de mi vida”.

En aspectos gramaticales, tierras lejanas significa: País retirado de otras “culturas, idiomas, leyes, costumbres, trabajos, alimentaciones diferentes”.

A este muchacho fugitivo le sucedieron varias cosas a saber:

  1. Fue y malgastó sus bienes en: Pasajes, pasaportes, amistades, alimentación, fiestas, atracos, regalos, prostituciones, etc. (Viviendo perdidamente).
  2. Cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia lejana y comenzó a faltarle.

Por esta razón, se arrimó a unos de los ciudadanos de aquellas tierras, el cual lo envió para apacentar cerdos, no obstante, era uno de los trabajos acogedores y natural de aquella provincia.

Pero para el país del hijo pródigo era un trabajo de inmundicia, de asquerosidad porque según a la ley de Moisés, los cerdos eran animales inmundos. Levítico 11.2–8; Deuteronomio 14.8.

La exégesis a esta ley, significaba: Que este animal no se podía tener, comer, ni usar en sacrificios.

Dentro del campo exegético y bibliológico, juntarse con cerdos representaba: Contaminaciones a menudo.

Cuidarlos figuraba: Humillación, comer de los que comen estos animales, encaminaba a la degradación de la cual hablaba San Pablo a los Romanos 1:24-32.

De allí se puede conjeturar, que el hijo menor, llamado el “hijo pródigo”, realmente llegó a lo más bajo, soez y asqueroso de la vida.

Además, esta metáfora ejemplificada, en este caso ha sido un cuadro semántico, dramático y figurativo, aplicado a la humanidad después del Edén.

Según algunos exégetas y comentaristas, han considerado, que en el capítulo 15 de San Lucas, se dejan ver tres pérdidas consecutivas: La “oveja”, la “moneda” y el hijo Menor, llamado el “pródigo” y que estas tres pérdidas redondean a un mismo circulo de 360°.

Si consideramos por medio de un razonamiento el contexto preliminar, encontramos que las dos parábolas anteriores, los buscadores dieron todo de sí, para encontrar la oveja y la moneda que no podían volver solas.

  • La primera, por su iraciocinio.
  • La segunda, por su inercia.

Ya que su pérdida ocasionó algo similar: La oveja se perdió porque vagó negligentemente, la moneda se perdió sin que tuviera culpa, sin embargo, el hijo menor se dejó llevar por su egocentrismo y desenfreno personal.

Este capítulo está representando algo extraordinario e inclusivo de lo sucedido en la prehistoria.

Las cien ovejas: Representan a una unidad universal. El número cien en matemática representa una unidad completa, que le da valor genuino a una prenda por ser 100 x100 verdadera.

Esto está demostrando que la creación es un organismo completo, a la vez infinito y de mucho valor.

  • La oveja perdida, está representando una unidad diminutiva, que hace parte del número cien y que su atención apunta a la raza humana que se extravío y por ende, hace parte de los cosmos creados.
  • La moneda perdida, simboliza los valores primordiales de cada cosa. En las sagradas escrituras, este valor se vislumbra en varias partes de sus páginas y cuando esto ha ocurrido, vemos a Dios “incomodado e inquieto”. Génesis 1:1,2.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios iba y venía sobre la faz de las aguas”. (Como si estuviera intranquilo o preocupado).

Recordando que estamos desarrollando: El designio de Dios enmarcado en la parábola del hijo pródigo; surge una pregunta inquietante:

¿Qué le pasó a la tierra que la vemos desordenada? sería, ¿que un Dios de orden, la hizo desordenada? o sería que ¿alguien la desordenó? si esto ocurrió, perdió su valor.

Este apólogo del hijo pródigo, se destaca de las anteriores pérdidas, ya que el supuesto padre, velaba y esperaba incansablemente, bajo la humillación de la circunstancia de un perfil negativo, porque se enfrentaba a un ser humano con voluntad propia.

Sin embargo, este anciano estaba seguro que su hijo volvería al hogar, después de tener un cambio de mente operado por el raciocinio de los sentidos, posteriormente de una barbarie que viene por la ferocidad de la vida.

Después que el hijo pródigo regresó, su padre fue movido a “misericordia”, vemos una preciosa aplicación, que el gran amor de Dios busca y halla pecadores, sin importar el porqué se perdieron.

  • La oveja se perdió porque vagó negligente e indiferente. Lucas 15:4; Isaías 53:6.
  • La moneda se perdió sin ella tener culpa, por su inercia. Lucas 15:8.
  • El hijo se dejó llevar por su egocentrismo, por el engaño de las falsas riquezas y por los placeres sensuales.

Sin embargo, el gran amor de Dios busca y halla pecadores sin importar el porqué se perdieron, todo ello, con el propósito de restaurarles y darles la posición que por su transgresión perdieron.

El motivo apremiante de esta parábola es:

Apunta como repuesta a una crítica de los fariseos, los escribas y judíos, quienes se consideraban expertos, eruditos e intérpretes en la ley Mosaica, tal crítica se afianzaba en que Jesús comía y andaba con los publicanos y pecadores.

El texto sagrado, se centraliza básicamente en la misericordia de Dios hacia los perdidos, que cuando son encontrados y localizados, traen una felicidad y satisfacción a su dueño.

Además, las parábolas anteriores involucran al cielo y a la tierra en fiesta cuando un pecador es recuperado.

Unos de los enfoques distintivos es la misericordia que le vino al padre, fue cuando vio de regreso a su hijo en estado de harapo, considerado muerto y con palabras de “arrepentimiento”.

Esta actuación del padre, ha movido las estructuras filosóficas, culturales y teológicas de la historia, primeramente porque es aplicada a Dios, cuando un pecador es contristado y procede al arrepentimiento.

De esto podemos aprender muchísimo para estas generaciones, ya que el amor tanto paterno, como familiar y al prójimo trata de escasear a menudo.

Esta enseñanza nos hace entender, que separado del fundamento paterno, sea humano o divino no funciona la vida como debe funcionar.

El hijo en el hogar debe aprender y conservar un fundamento que nos va a equilibrar en la vida posterior, a través de los días venideros.

Además, el Señor Jesús como padre, expresaba: “Porque separado de mí nada podéis hacer”. Juan 15:5.

Y en otra ocasión, expresó: “No os dejare huérfanos (abandonados), vendré a vosotros”, por su parte, la teología sistemática en el área de la cristología, nos indica que él es el padre, de allí se deduce que el padre es el que deja huérfano. Juan 14:18.

El hijo pródigo permaneció huérfano mientras estaba separado del padre, cuando regresó, volvió hacer parte de la familia. ¡Qué cuadro semántico e ilustrativo nos presentó el Señor Jesús, en esta hermosa narración del hijo pródigo!

Aunque el muchacho se presentó casi desnudo, con hambre, sin calzado, arruinado, sin moral, sin embargo, al llegar a su viejo hogar, su padre le suplió de todo bien. ¡Qué bueno es nuestro Dios que nos acepta tal y como estamos!

Por ello, la gnoseología de los escritores de los Salmos elucidaban por sus preguntas: “¿Quién como Jehová nuestro Dios, que se sienta en las alturas, que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra?”

Cuando dice: Que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra, como si dijera:

“para ver si entre la raza humana habrá alguien que quisiera hacer las veces del hijo pródigo que regrese a mí, para levantarlo del polvo y hacerlo sentar con los príncipes de mi pueblo”.

Este acontecimiento, describe posteriormente la escena de alguien, que tras una existencia favorable y benévola haya quedado postrado en una vida en desesperación, de miseria, atrofiada por el despilfarro y libertinaje, sin nadie quien le consuele.

Hasta que la providencia divina llegó a su conciencia, lo hace reflexionar de su estado personal y cae en cuenta, que le traería mayor beneficio regresar donde el padre, que seguir por su cuenta dando tumbo en la vida cruel y bestial que llevaba.

Tenemos que considerar teológicamente, que para esta genial reflexión le destella una actitud convencional, que por tal razón su padre le acepte en su hogar, así sea como cualquiera de sus jornaleros.

Eso indica, que en el hogar de nuestro padre celestial, los jornaleros están mejores que los transeúntes empedernidos en pecados.

Sin embargo, el mundo de tinieblas y de desgracias pronto desaparecerá, ya que las consecuencias del pecado no son condenas procedentes de lo divino, sino resultados de las malas acciones que persistentemente finalizan mal por algún lado.

La epistemología davídica, proclama: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado; de igual forma será bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño”.

Esta promesa alcanzó al hijo pródigo por haber regresado, aunque andrajoso pero su padre lo cobijó, dándole nuevos honores.

Interpretación dada por la hermenéutica 

La hermenéutica explora sus reglamentaciones para el estudio y las investigaciones en el sentido parabólico, es decir, se considera progresivo que al leer las parábolas, tengamos en cuenta diversos aspectos como:

Leer y estudiar los contextos anteriores y posteriores, es decir, al inicio y la terminación del capítulo o del pasaje pertinente, luego, a “quién se dirige la alegoría” y finalmente analizaremos “lo que dio margen a la parábola”, enseguida observamos sus aplicaciones.

Si le aplicamos la interpretación hermenéutica con sus reglas pertinentes, vamos a encontrar una interpretación diferente a las demás conocidas.

La hermenéutica manda a tener en cuenta sus cinco reglas indispensables:

  • ¿Quién lo dijo?
  • ¿A quién se lo dijo?
  • ¿Cuándo lo dijo?
  • ¿Porqué lo dijo?
  • ¿Para qué lo dijo?

Esta regla aplicada a la parábola del hijo pródigo encontraríamos lo siguiente:

  • Primero, leer los contextos, luego:
  1. ¿Quién lo dijo? Pues, lo dijo el Señor Jesús.
  2. ¿A quién se lo dijo? A los fariseos y a los escribas.
  3. ¿Cuándo lo dijo? Cuando se acercaban a Jesús los publicanos y pecadores para oírle.
  4. ¿Por qué lo dijo? Porque los fariseos y los escribas murmuraban.
  5. ¿Para qué lo dijo? Para darles a entender, que así como los publicanos y los pecadores necesitaban del amor de Dios, ellos también.
  • Segundo, continuar dándole repuestas acorde a las preguntas anteriores, desenvolvemos el nudo y final del texto.

Una exposición del pasaje sagrado

Esta narración habla de un “padre”, de un “hijo menor” llamado: El “hijo prodigo”, también del “mayor”, pero ambos son merecedores de la herencia paterna.

El padre personifica la autoridad suprema del hogar, respeta y acepta la determinación que su hijo toma por su libre albedrio, le reparte su herencia y lo deja marchar libre, a ver qué camino escoge para su propio destino, el de la prosperidad o el del mal.

A demás con su gesto de compasión, representa a Dios como padre de todos, fundamentalmente con su atributo de misericordia.

Esta alegoría se nos suministra una enseñanza representativa. El padre tenía dos hijos y aquí los dos hijos son representativos a la humanidad entera en todos los tiempos, dividida en dos fracciones.

El hijo pródigo representa los pudendos e inmorales pecadores, que componen el rol de los despreciados e infames que se alejan de la voluntad del padre celestial. Lucas 18:9-14.

El hijo menor se salió del ámbito paterno, a vivir una vida lejos de sus principios morales y éticos, como es obvio y natural recibió lo merecido.

Entre eso, lo que no se hallaba en las pertenencias de su padre, cuando éste se dio cuenta de su estado de miseria y mal pertinaz.

Se dio cuenta que por sus propias fuerzas no podía hacer nada a su favor, pensó en su comodidad anterior, accedió a regresar a su padre con fruto de contrición, luego que su padre con tanta riquezas disfrutaba con sus jornaleros.

No obstante, permitió bajo la sombra de su misericordia la entrada de su hijo, que supuestamente había desaparecido para siempre.

Esta representación es aplicada a todas las personas transeúntes, que ambulan por las sendas oscuras del mundo atroz, sin esperanza, sin consuelo y sin salvación.

Sin embargo, la iluminación del espíritu divino llega a sus raciocinios y los convence, que por nuestros méritos humanos, no podemos alcanzar nada, además, que en la casa de nuestro padre celestial, hay muchas moradas esperando personal que las disfrute.

Esto lo entendió el “hijo pródigo”, también, San Pablo. 1 de Timoteo 1:15; igualmente, el publicano que fue a orar al templo. Lucas 18:13.

Asimismo uno de los ladrones que estuvo con Jesús en la cruz: ¡Señor acuérdate de mí! cuando vengas en tu reino, Jesús le dijo: Desde hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Dios no prepara moradas a los que van llegando, porque ya están listas y preparadas.

Por su parte, el supuesto hijo mayor, no salió del ámbito paterno, quedó trabajando con todas las pertenencias física de su padre, este hijo mayor representa a los legalistas, los formalistas, quienes componen el catálogo de los moralistas.

En este momento simbolizan a los fariseos y a los escribas, quienes disfrutaban de las fortunas físicas, como: La llegada al templo, sentarse en las mejores sillas.

También usar los mejores vestidos que los identificaban como tales, a su vez, podían enseñar cada día de reposo, la santa ley dada en el Sinaí.

A demás, podían hablar de diezmos, de ofrendas, de moral, de principios éticos, pero les escaseaba la justicia, la misericordia y la fe, que son principios fundamentales de la espiritualidad.

Sin éstas lo hacían peor que el hijo pródigo, por tal razón, el Señor los censura en San Mateo capítulo 23.

El verdadero sentido de este personaje, es considerar que los supuestos fieles de Dios también caen en el pecado de inmisericordia, en este caso por la soberbia, al reprocharle al padre lo que estaba haciendo a favor de su hermano.

Todo porque se había perdido y estaba en “proceso de distensión”.

A estas personas representativas del “hermano mayor”, le escaseaban por completo estas verdades, las cuales, el Señor Jesús les hizo énfasis cuando les dijo en la parábola: Que su “Padre fue movido a misericordia”, corrió a recibirlo con “Besos”.

En este trabajo, he tratado en sintetizar la felicidad postrera de este hijo llamado “el pródigo” y he encontrado la hipótesis, que la determinación, la valentía para regresar, se fusiona con la misericordia, la justicia y la fe, provista por el padre.

Quien tornó todo para ser parte nuevamente de su viejo hogar sin recriminación alguna.

Además, el padre olvidó y borró todo el pasado de su hijo que se volvió a él, por ello, no tuvo en cuenta el tiempo en el cual estuvo perdido.

San Pablo exonera esta posesión del padre porque “Si alguien está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” . 2 Corintios 5:17.

La actitud de su padre fue contraria a lo que esperaba, ya que en vez de ponerlo en disciplina o en prueba por un tiempo limitado, más bien lo abrazó, lo besó, mató al becerro más gordo que tenía y todo volvió a ser alegría.

En las parábolas anteriores, dan una aplicabilidad que el gozo realizado en la tierra es el mismo que se efectúa en el cielo, cuando un pecador vuelve a la iglesia. Lo que el Señor desea no es la condenación del pecador, sino salvarlo.

Otras interpretaciones dadas a esta parábola 

Para muchos exégetas e intérpretes de los pergaminos sagrados, le han dado diferentes énfasis y significados a esta parábola, que a menudo apuntan a suplir la nefanda situación del hombre perdido en todas las esferas y las distintas épocas de la vida.

Se considera que esta narración parabólica la escribe el doctor San Lucas, que a su vez era gentil, por lo cual, esto se extiende a una resonancia incierta pero dialéctica, reconocida por el mismo apóstol San Pablo en la carta a los Romanos.

Donde se indica que, los gentiles que formaron las naciones, anduvieron en sus propios caminos, también tuvieron la oportunidad de conocer y de respetar a Dios, pero se perdieron.

Supuestamente, hay quien interpreta que los gentiles están representados por el hijo menor que se aleja, que despilfarra, que gasta el dinero en depravaciones, como lo dijera el escritor de los Romanos 1: 21-32.

El hijo pródigo un día regresó a su casa, cuyo regreso simboliza “este día de gracia”, donde el padre salió a recibirlo con besos, ropas nuevas, anillos finos, zapatos diferentes y un cordero para la fiesta.

Este es un cuadro dramático y emocionante para nuestros días, cada una de estas prendas de vestir tiene una aplicabilidad para nuestras vidas cristiana.

Aunque se considere que antes de la fiesta hubo un sacrificio de un cordero. Hay que recordar que Jesús es visto como el “Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo”.

Supuestamente, el hermano mayor es visiblemente, el “pueblo judío”, el que siempre ha estado con Dios en la historia, el que se ha mantenido como el especial tesoro.

A este hijo, Dios le “ruega” que entre a la fiesta por la llegada de su hermano perdido, (los gentiles) pero él se niega a entrar.

Los judíos, según lo comenta San Pablo, se han agobiado, pero siguen siendo el pueblo elegido por promesa, así que no están excluidos del “banquete”, a ellos también se les ha predicado el evangelio como una invitación especial.

Pero viven celosos de la herencia, de los bienes terrenales dados por su padre aquí en la tierra, guardada para que las disfruten en el milenio, pero a los gentiles se les hará una fiesta en las bodas del cordero y los israelitas por ser inmisericordes estarán excluidos.

Lucas 13:28-30; Mateo 21:30-32.

Para muchos, esta parábola contiene algo incauto, algo que nos sirve si la tomamos literalmente para ilustrar la condición humana.

Además, puede obtener un símbolo descifrable en su contexto histórico e ilustrativo para las demás generaciones futuras.

Otros conjeturan que esta parábola apunta a la era patriarcal, donde corría la senda mesiánica, representando con ellos el “hermano mayor”, por haber tenido la inmensa comunión con Dios, hasta que llegó Noé, pregonero de justicia.

Después de éste, el mundo se proliferó tanto en habitante y en degradación, tanto que esta gente decidió seguir el desenfreno, el libertinaje y la ignominia, hasta que llegó el día de la gracia, donde todos llegamos nuevamente a nuestro padre celestial.

Este personal simboliza el “hijo Pródigo”.

Para los gobiernos seculares como los eclesiásticos, el hijo pródigo simboliza aquellas personas de todos los grupos generales, que se encuentran inconformes con las administraciones de turno, quieren ambular por doquier.

Aun así hay muchos que pierden su patria, sus amistades, su hogar, familia y dejan sus bienes físicos y espirituales.

Lo dejan por buscar una mejor tolda, mejor vida, mejores honores, mejores puestos y dejan su patrimonio arcaico sin importarles nada, pero después de un tiempo en que quedan peores como estaban.

Algo similar como dice el viejo refrán: Pierden el hacha, el calabazo y la miel; luego, tienen que regresar a su terruño abandonado, acogiéndose al amor misericordioso de Jesús, reflejado en esta parábola.

Conclusión 

Si analizamos la situación de la humanidad, un hombre puede hundirse más extremadamente en la imperfección que el otro, porque desde el momento que nos alejamos de Dios, somos ya plenamente malos.

El hombre habitual es como el pródigo, que despilfarró, se gastó sus bienes en un país lejano y usted se arruina así mismo.

Desde el momento que un hombre deja a Dios, el se vende a satanás y gasta su alma y corazón fuera de Dios, porque su nuevo patrón lo lleva a comer algarroba de este mundo, que son: la prostitución, que es el lugar de acopio de la sífilis, sida y otros acompañantes.

Los productos alucinógenos, que son los agentes encargados para acabar con el sistema nervioso y con el cerebro.

Pero el hijo pródigo antes de comer esta clase de algarrobas, a tiempo volvió a su viejo hogar, donde su padre le recibió gozosamente.

En esta actuación del padre, en su lenguaje figurado, hace ver un trasfondo exploratorio, cómo Dios incluso sabiendo que la conversión no es completa, pero puede hacer algo.

Sale en busca de aquel que lo necesita y lo llama, aceptándolo sin reprocharle, ni tener en cuenta su descarrío, ni su indiferencia anterior.

Esta parábola ha transmitido una gama de enseñanza, no solamente para los llamados “fariseos y escribas”, sino para todos los empedernidos pecadores en todos los tiempos y para los fieles cristianos inmisericordes.

Dicha metáfora es una de las cuatro más representadas en el arte medieval, junto con las de las diez vírgenes, la del rico, Lázaro y la del buen samaritano.

En el renacimiento son representadas por diversas escenas por la “exigencia de la partición de la herencia”, por el “trabajo con los cerdos” y por el “regreso al padre”.

En muchos teatros, museos y salas de artes, aparecen en bosquejos esta parábola, varias veces en pinturas y grabados con su retorno del “hijo Pródigo”. En el museo del Hermitage, se muestra uno de sus trabajos más sobre salientes.

En literatura se conoce para esta década, el mejor tributo literario más profundo, dada por esta parábola en el libro “El retorno del hijo pródigo, un regreso a casa”, por el teólogo holandés Henri Nouwen escrito en 1992.

En este se describe su viaje espiritual. Para esta obra, se inspiró en la pintura de Rembrandt “Retorno del hijo pródigo”.

Para los cristianos nos hace estar firmes, sabiendo que las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas, además, nos anima a seguir anunciando a los perdidos que vuelvan a casa, porque en Dios hay muchos bienes que disfrutar.

¡El designio de Dios y la parábola del hijo pródigo!

Engrosado por el pastor
York Anthony Shalom
Licenciado en Sagrada Teología.
Magister en Divinidades Teológicas
Jorgesalomserpa@hotmail.com