Las cinco entradas al cerebro

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Las cinco entradas del cerebro

Las cinco entradas al cerebro

Esta exploración de carácter académico ha sido ejecutada con el fin de incrementar nuestras técnicas formativas como personas inexpertas acerca de la predicación, de la homilía y de la enseñanza en público. Hoy desarrollaremos el tema, “Las cinco entradas al cerebro”.

El cerebro tiene cinco puertas de entrada que todo conferencista debe tener en cuenta.

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Tales fragmentaciones han sido enfocadas desde su perfil o punto de vista adecuado, las cuales, forman un cuerpo metódico apto para exponerlo frente al público acudiente.

En primera instancia la pedagogía es considerada como la ciencia que se encarga de regular el fluido del locutor hacia el interlocutor.

Es decir, es la que transmite el mensaje para satisfacer la necesidad apremiante del oyente, con el cual, tratamos y nos desenvolvemos en pleno medio.

Uno de los umbrales pertinentes de la metodología académica, es que el maestro, debe considerar que el educando está dotado de sentidos que se consideran las puertas por las cuales el conocimiento llega a la mente y luego será transferida al corazón. E. Duarte.

Ahora bien, todos los órganos de los sentidos captan impresiones por las cuales son transmitidas al cerebro.

Y éste las convierte en sensaciones dándole unas interpretaciones nomológicas de carácter universal, por ejemplo:

  • La vista: Distinguimos lo que pasa a nuestro alrededor.
  • El gusto: Reconocemos los sabores.
  • El olfato: Percibimos los olores que están en el entorno.
  • El oído: Sentimos y escuchamos todos los sonidos.
  • El tacto: Reconocemos las cosas cuando las tocamos.

Todo lo que podamos ver, oír, sentir, tocar, oler o probar, son frutos de lo que perciben los cinco sentidos, que se pueden convertir en un mundo de imágenes para nuestra mente.

Y por ende, cada imagen representa una expresión verbal que personifica su significado oportuno.

El oído

Este órgano nos permite escuchar las voces, los sonidos, los ruidos a través de las ondas sonoras que son emitidas por un conducto auditivo.

El cual se divide en tres secciones del oído:

  • Externo o pabellón de la oreja
  • Medio
  • Interno

Cada uno de ellos cumple una función hermética a través de una sustancia llamada cerumen.

Además, cada órgano interno auditivo recibe y manda impulsos vibratorios que son interpretados y codificados de acuerdo con sus vibraciones sonoras e interpretadas por el cerebro central.

En el oído interno se encuentran los canales semicirculares, cuya función es la de percibir los cambios de movimiento, posición y mantener el equilibrio:

  • Superior
  • Posterior
  • Lateral

El oído humano puede soportar hasta 120 decibeles, pero con niveles menores de 30 decibeles no se espera daños a la salud, ni molestias.

Con niveles sonoros entre 50 y 70, se espera molestias en función del tipo de trabajo, daños a la salud como:

  • Dolor de cabeza
  • Estrés
  • Molestias
  • Falta de concentración
  • Difícil uso del teléfono
  • Interferencia de la comunicación

Estamos desarrollando el tema “Las cinco entradas al cerebro” pero también te podría interesar: La guerra de los sentidos

Según la enciclopedia de la psicología infantil, glosa el caso de la niñez “primera infancia”, donde el ser humano tiene muy desarrollado este sentido.

Además, empieza a reconocer la voz o el susurro de la madre.

Es decir, es el segundo sentido que el niño empieza a desarrollar, después del olfato, pero que al transcurrir el tiempo, éste va siendo remplazado por el sentido de la vista.

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Por tal cognición, el predicador a pela a este sentido, ya que por medio de él, podemos trasmitir y percibir los discursos, narraciones, preguntas, repuestas y todo lo relacionado a la tramitología sensorial.

Si el predicador se limita sólo a este sentido enseñará un 20% de su área respectiva.

La vista

Este sentido nos permite ver todas las cosas que nos rodean y a través de él percibimos la forma y el tamaño de los objetos y también a qué distancia se encuentran de nosotros.

El órgano de la visión es el ojo, el cual está encargado de detectar la luz y enviarla al cerebro, allí se interpreta y se reconocen los objetos.

La visión tiene la capacidad de distinguir los objetos y su entorno capta las vibraciones de la luz, que se desplaza en forma de onda y que vibra en contacto con los distintos órganos internos y a su vez, transmitiéndolas al cerebro.

Comenta la oftalmología: La materia prima primordial para la visión óptica es la luz, ya que las vibraciones producidas por la luminosidad atraviesan la córnea, penetran en la pupila, son ajustadas por el cristalino y se reflejan en la retina.

De allí, que el nervio óptico transmite la información recibida al encéfalo, en un área de la corteza cerebral llamada tálamo.

Además de la forma y el color del objeto, el cerebro capta también la distancia, el tamaño, la movilidad y el grado de definición de la imagen.

Ahora bien, es importante saber todo este sistema, para mejorar y acondicionar los establecimientos de conferencias. Con sus herramientas técnicas que manda la pedagogía.

Es importante hacernos a este sentido de la visualidad para comunicar y recibir por medio de cuadros, dibujos, figuras, mapas, etc.

Algo que la vista conciba y unifique con lo que percibió el oído y tendremos una enseñanza de un 50% a nuestro favor.

La visualidad es usada tanto por el locutor como por el interlocutor, es decir, se puede considerar primeramente el locutor.

El cual es el predicador o el que enseña y debe usarla para aplicar las nuevas metodologías del aprendizaje para que tenga éxito en sus homilías.

Los expertos en este tema sugieren, que una exposición muy coherente en su preparatoria, excelente en su contenido, pero si en su presentación el conferencista no sabe ubicar su mirada respectiva en sus oyentes.

Puede perder todo o parte de los resultados pertinentes. A continuación damos unos apartes importantes para este tema en detalles:

Primero: La mirada directa del predicador a la congregación aumenta mucho el interés del grupo.

Por ejemplo: las personas asistentes en una asamblea sienten que el mensaje es para ellos y no para el piso o el techo.

Segundo: El contacto de ojos permite que el predicador se relacione mejor con la congregación porque observa si ésta se distrae o si escuchan bien, si los niños pequeños transitan o molestan, si la gente se fastidia o se duerme, etc.

Si el conferencista tiene presente todos estos conceptos, podremos ministrar directamente, y con más facilidad de acuerdo a las necesidades del caso.

Estamos desarrollando el tema: “Las cinco entradas al cerebro”

Vea también: Las bienaventuranzas del predicador

Tercero: El predicador con anterioridad debe tener bien preparado su sermón, para que pueda mirar la congregación sin perderse ni enredarse en la exposición.

El buen catequista, mira a todo el grupo de lado a lado, no olvidando los que están muy atrás ni los que están en las primeras sillas, ni los del costado.

Además, el instructor controlará mejor el volumen de su voz cuando mira al auditorio.

Hablará lo suficientemente fuerte para que los que están atrás oigan la enseñanza.

Jeremías 1:17 dice: “Tu, pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales todo cuanto te mande, no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrar delante de ellos”.

El temor o el nerviosismo es un enemigo del predicador, por lo cual debe ser exterminado totalmente, ya que no permite que el predicador fije su mirada a la gente.

La bibliología en las citas siguientes nos suministra más observaciones de lo que es, la visión óptica. San Mateo 6:22; San Lucas 11:34 hablan que el ojo es la lámpara del cuerpo.

Son los ojos, o sea, la mirada que da vida a un sermón, para que el oyente lo perciba y se haga a él.

El evangelio que escribió San Lucas, observa que la visualidad inspiró al Señor Jesús a hacer un gran milagro. San Lucas 6:10 dice: que Jesús mirándolos a todos dijo al hombre…”

El libro de los hechos de los apóstoles nos presenta un cuadro ameno del apóstol San Pablo, Hechos 23:1. “Pablo miró fijamente al concilio cuando les hablaba…”

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El tacto

Este sentido nos sirve para sentir las cosas que tocamos y a través de este sabemos si un objeto es liso o rugoso, si está frío o caliente, si es blando o duro.

Toda la información que recibimos a través de los sentidos de la vista y el oído llega al cerebro a través de las terminaciones nerviosas y lo mismo ocurre con la piel.

Es decir, la superficie de la piel, llamada epidermis, contiene muchas terminaciones nerviosas por todo el cuerpo, que transmiten sensaciones al cerebro y nos indican el tipo de cosas que estamos tocando.

Según los compendios que hablan en esta área, ilustran lo siguiente: La piel es una máquina receptora, que recibe las señales con frecuencia ambientales del mundo externo y luego las prolonga a través de dos capas transmisoras:

  • La epidermis: Es un tejido, que contiene dos capas: una externa que se compone de células muertas, las cuales se eliminan diariamente.
    Y la otra contiene células vivas que están en permanente acción para sustituir a las células muertas.
  • La dermis: Es una capa formada por tejido conjuntivo en donde se localizan los receptores cutáneos.

Tales como son:

  • Los receptores táctiles.
  • Paccini reciben los estímulos de presión.
  • Krause son los receptores del frío.
  • Ruffini reciben el estímulo del calor, etc.

Todos estos emisores especializados, comunican estos estímulos a través del sistema nervioso que es el auto que los conduce hacia el raciocinio central.

Es decir, que la piel se constituye en un receptor donde apercibe lo relacionado con todo lo perteneciente al mundo externo, quien a su vez, lo trasmite al cerebro para darle la debida interpretación.

Este sentido del tacto nos mantiene en constante relación con el entorno, puesto que mientras la vista depende de los ojos, el oído de los órganos auditivos, el olfato de la nariz y el gusto de la lengua, el tacto, en cambio, se extiende por la piel “constituyéndose así en el órgano más grande del cuerpo humano”.

Mediante el sentido del tacto podemos percibir algunas características físicas de los objetos o ambiente que nos rodean como:

  • La consistencia
  • La textura
  • La forma y contorno
  • El tamaño
  • El peso
  • La humedad
  • La presión que ejerce un objeto sobre tu piel

Por medio de este sentido y en el campo de la pedagogía nos relacionamos a menudo, tanto el docente como los alumnos usamos este vehículo tan interesante donde hay personas que hablan más con las manos que lo que expresan con sus labios.

Y los discípulos aprenden más, usando sus manos para anotar, escribir, etc.

Y percibirá un porcentaje mayor en la enseñanza, si utiliza este sentido de aprendizaje.

Estamos desarrollando el tema: “Las cinco entradas al cerebro” pero también: El evangelismo personal e interactuado

El olfato

Mediante el sentido del olfato se perciben los olores, que son moléculas de alguna sustancia en estado gaseoso que se dispersan en el aire y llegan hasta las fosas nasales donde estimulan los receptores de los estímulos olfativos.

El órgano del olfato se compone de:

  • La nariz
  • Las fosas nasales
  • La pituitaria

La nariz está formada por fosas nasales, cavidades por donde entra el aire, separadas entre sí por el hueso tabique.

La pituitaria es la mucosa que recubre las fosas nasales, secreta mucus mediante glándulas especializadas.

Sobre el hueso etmoides se encuentra el bulbo olfativo que recoge la información entregada por los axones de los receptores olfativos.

El olfato u olfacción es el sentido encargado de detectar y procesar los olores, éste es un quimiorreceptor en el que actúan como estimulante las partículas aromáticas u odoríferas desprendidas de los cuerpos volátiles.

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“Las cinco entradas al cerebro”

Los cuales ingresan por el epitelio olfativo ubicado en la nariz, y son procesadas por el sistema olfativo. Manual Enciclopédico libre.

Por su parte se considera que la nariz humana distingue entre más de 10.000 aromas diferentes.

Además, es el sentido más fuerte al nacer, por tal motivo un bebé reconoce a su madre.

Por medio de este sentido nos relacionamos con el medio ambiente que nos rodea, y nos sirve para interpretar un lenguaje abstracto con certeza sin derecho a equivocación; precisamente, cuando éste está relacionado con el ambiente.

En la infancia, el niño utiliza mucho este sentido, siendo uno de los primeros en desarrollase, ya que es el contacto directo con su madre, percibiendo su aroma, su perfume, logrando adquirir hasta un 60% del conocimiento del bebé.

Que posteriormente esta capacidad se va perdiendo con el trascurso de los años, no obstante permanece en los adultos, como sentido de aprendizaje, en su cociente intelectual.

El olfato es uno de los sentidos que nos mantiene informado de los olores del medio ambiente, dándonos una sensación de bienestar, si son agradables o son desagradables, por tal razón el lugar de predicación debe ser un lugar limpio y sin malos olores.

En una escuela dominical casi nunca consideramos el olfato como el medio de recibir enseñanza, porque nos hace analizar que una putrefacción cercana.

Un desaseo general de algunas personas mal olientes cercanas a nosotros, nos hace perder el equilibrio de los otros sentidos en la enseñanza.

El lugar de predicación debe ser un lugar bien acondicionado en todos sus aspectos, ya que se trata de un lugar para albergar cantidades de personas, y se hace indispensable que permanezca en absoluta limpieza.

Su ventilación debe ser amena al local, entre más ventilado esté es mejor, tratar con la mayor brevedad del caso que los ventiladores no hagan tanto ruido.

La silletería debe ser cómoda, en perfecto estado y bien aseada.

En cuanto al audio, debe estar bien instalado, acondicionado tanto para el local como para los oyentes, su volumen debe ser moderado.

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Las cinco entradas al cerebro.

Se hace indispensable que se tenga en cuenta los colores, ya que hay colores que infunden vida, otros desconsuelos y otros pavores, por ejemplo: Los colores oscuros se roban el sonido, la luz y el local se observa más reducido.

Por ello, los colores claros e invertidos hacen ver el auditorio más amplio, el sonido mejor, se observa un ambiente diferente y se respira vida.

Este sentido del olfato, se hace tan importante no solamente para los oyentes, sino también para los que evangelizan, ya que la ética nos obliga a mantener un aseo personal, tanto en el vestuario, como en el ambiente.

El lugar de predicación, las aulas, los baños, etc. Deben tener buena ventilación.

Estamos desarrollando el tema: “Las cinco entradas al cerebro” pero también: Lo que un predicador debe y no debe hacer

Hay pasajes en el Antiguo Testamento que están relacionados con el ambiente, que muestran la importancia de la limpieza a la vista de Dios. Levíticos 10:9-14.

El lugar de reunión debe ser agradable, para aprovechar y ayudar a los otros sentidos a concebir la enseñanza.

El gusto

El gusto es el sentido que percibe los sabores y se encuentra en la lengua, la cual es una estructura musculosa que ayuda a la masticación de los alimentos y en la fonación y toma de diferentes posiciones.

Las papilas gustativas son los receptores del sabor, las cuales son de tres clases:

  • Fungiformes: Tienen forma de hongo.
  • Caliciformes: Tienen forma de cáliz.
  • Filiformes: Tienen forma de filamento.

Los compendios manuales que hablan de este tema plasman, que el gusto es el sentido que nos permite reconocer los sabores de los alimentos, por medio de las papilas gustativas, que son pequeños bultos que se encuentran en la base de la lengua.

Ahora bien, la sensación que un alimento produce en el sentido del gusto se llama sabor. Los alimentos pueden ser:

  • Dulces
  • Salados
  • Ácidos o amargos

El principal órgano del gusto es la lengua, la cual está constituida por músculos que le permiten realizar variados movimientos, y recubierta por una mucosa.

Además, la cara superior de la lengua aloja unos receptores, que se presentan como pequeñas estructuras abultadas llamadas “papilas gustativas”.

Las papilas son formaciones epiteliales compuestas por células receptoras o botones gustativos, sensibles a las sustancias químicas disueltas en la saliva secretada por las glándulas salivales.

Se estima que en un adulto pueden llegar a haber 9.000 botones gustativos, distribuidos principalmente, en la vértice, en los lados y en la base de la lengua.

Estamos desarrollando el tema: “Las cinco entradas al cerebro”

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Las cinco entradas al cerebro.

Las papilas se especializan en cuatro sensaciones o gustos básicos: dulce, ácido, salado y amargo.

La punta o vértice es muy sensible a las sustancias dulces y saladas; los lados, a las ácidas, y el sector posterior a las amargas.

La sensación del sabor es producida por distintos grados de combinaciones de esas impresiones o efectos básicos.

En síntesis, este sentido es el apetitivo, con el cual disfrutamos los dulces manjares, saboreamos los múltiples sabores, al mismo tiempo nos relaciona con las cuerdas bucales, con las cuales expresamos las emocionantes poesías, discursos, sermones, y enseñanzas en general.

Si el conferencista le pone sabor, dulzura a sus enseñanzas y de igual manera el alumno llega a emplear este sentido, llegará a percibir la enseñanza con los sentidos anteriores un 90%.

Estamos desarrollando el tema: “Las cinco entradas al cerebro”

Vea también: Bases para iniciar como predicador

Conclusión

El ser humano se relaciona con un universo de realidades cognitivas por medio de los sentidos que conservamos y nos sirven como antenas para percibir y conocer lo relacionado con nuestro entorno.

Si el maestro hace caso omiso en todas estas verdades, será un enseñador sin éxito, pero si él llegase a dominar el auditorio y hacer que el discipulado ponga en acción los cinco sentidos pertinentes.

La enseñanza penetrará por cada una de estas entradas y llegará muy pronto a su destino y se reflejará en el oyente la felicidad de la instrucción dada, como lo dijera el profeta Isaías 55:10-11. Las cinco entradas al cerebro.

“Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mi vacía”.

Copyright y engrosado por el pastor
York Anthony Shalom
Licenciado en Sagrada Teología
Magister en Divinidades Teológicas
[email protected]

Por: York Antony Shalom

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