Por qué nuestro Dios es incomparable

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Por qué nuestro Dios es incomparable

Por qué nuestro Dios es incomparable

El Dios que la Biblia nos muestra, el Dios que nos salvó al cual queremos servir, es un Dios incomparable, un Dios único que no tiene rivales. Hablaremos sobre el tema: “Por qué nuestro Dios es incomparable”.

No existen palabras en el vocabulario humano que puedan descifrar su grandeza, su poder, su dominio, su altura, su eternidad y su amor.

Este Dios que es único, que es incomparable, es el Dios al cual nosotros debemos siempre conocer.

Porque en la medida en que le conocemos, en la medida en que nosotros comenzamos a explorar su grandeza y su poder, es así como logramos identificarnos con él.

Nuestro Dios tiene tributos que lo hacen incomparable.

Cuando analizamos la Biblia, comenzamos a descubrir su grandeza, y es allí donde empezamos a darnos cuenta el porqué Dios habla como habla.

Dios no es un Dios caprichoso, sencillamente lo que él dice tiene razón, él está por encima de todo y su pensamiento no hay quien lo alcance.

Muchas veces las personas comenzamos a cuestionar y pensar el porqué de las cosas, y muchas veces no estamos de acuerdo con la voluntad de Dios, olvidando que el Señor sabe lo que hace.

Lo que en la palabra de Dios está escrito, nos da a entender y a conocer su carácter y su naturaleza; él tiene una característica inconfundible.

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Cuando la Biblia nos habla de Jesús, encontramos que su novia lo ve y dice: “Mi amado es blanco y rubio, Señalado entre diez mil” Cantares 5:10. Ella lo puede distinguir donde esté, porque nuestro Dios es inigualable.

Y lo más hermoso de toda la grandeza de nuestro Dios es que cuando nosotros sacamos el tiempo para estar en su presencia disfrutamos.

Algunos dicen que el estar en la presencia de Dios es un sacrificio, pero que equivocados están porque el estar en Dios es un gran deleite.

Cuando disfrutemos estar en la presencia de Dios y sea un deleite para nosotros, aprenderemos a conocer más a nuestro Señor.

Jesús es único y excelso, su gloria no la comparte con nadie y su pueblo que fue comprando a precio de sangre, tiene que vivir para él según el diseño que nuestro Señor mismo ha trazado.

Dios no se mezcla, por tanto, su pueblo tampoco debe hacerlo.

Vivimos actualmente en una sociedad tan llena de caminos, llenas de filosofías, cantidad de evangelios y de aspirantes al reino de los cielos, que aparentemente parecemos confundirnos.

Pero debemos tener claro que nuestro Dios conoce a su pueblo y en su palabra nos dice:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”  Juan 10:27-28.

Su pueblo no tiene pérdida, su pueblo no se mezcla y es por eso, que debemos ser únicos en esta tierra porque somos la heredad de nuestro Dios.

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Es allí donde comenzamos a entender que cuando el ser humano empieza a vivir la realidad del evangelio y empieza a servir a Dios, empieza a comprender el por qué algunas cosas están escritas en la Biblia.

El Señor no las colocó ahí simplemente porque quería vernos disgustados, o porque a él no le guste que seamos gente contenta o alegre.

Simplemente es un Dios que se caracteriza porque hace de su pueblo, un pueblo verdaderamente libre que aunque viva en un mundo pervertido disfrutan su vida a plenitud.

La iglesia no es un pueblo que vive aburrido, nuestros jóvenes no se la pasan diciendo: ¡Que lástima que estoy en la iglesia!

Muchos están errados pensando que el pueblo de Dios es gente que se la pasa llorando y lamentándose todo el tiempo, gente que no disfruta.

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Pero que equivocados están, porque en Dios tenemos la plenitud de la vida y el gozo permanente.

Este Dios incomparable, es un Dios que espera que su pueblo y la gente que le sirve tiene que ser gente especial, con unas características únicas.

Hay una generación que se está levantando en tiempos muy difíciles y está iniciando en el servicio a Dios.

La cual no tendrá problemas en la medida en que vaya dejando que Dios sea quien gobierne su vida.

Esta generación descubrirá que cuando hacemos las cosas que Dios pide, seremos gente victoriosa y alcanzaremos metas que cualquier persona diría: ¡yo no puedo hacerlo!

Pero seremos victoriosos porque es Dios quien va a nuestro lado y nos da la victoria.

Dejemos de pensar que somos cosas pequeñas dentro de la iglesia; somos especiales porque Cristo nos compró y pertenecemos a la familia más importante que hay en todo el universo.

Nuestro Dios es auténtico y original.

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Vivimos en un tiempo donde todo es imitado, imitan relojes, perfumes, marcas y también dinero, pero eso no vale nada.

Es ahí donde como iglesia debemos tener mucho cuidado, porque del Dios que es único e inigualable del cual hablamos.

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No admite ninguna imitación y está en contra de todo aquello que no es original.

El día que el Señor nos salvó, no colocó un retazo sobre nuestras vidas, él nos hizo completamente nuevos.

Él sabía que así como estábamos no valíamos nada, por lo tanto, hizo una obra muy importante, acabó con todo lo que éramos, morimos y resucitamos con Cristo para una nueva vida.

Y es necesario que entendamos que para ser salvos debemos nacer otra vez.

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No podemos pretender parecernos a un cristiano, debemos vivir la realidad del evangelio en nuestras vidas y ser realmente un cristiano verdadero.

Ya basta de falsedad e hipocresía, no vivamos la vida aparentando ser de Dios y vivir comportándonos igual que el mundo.

La palabra de Dios nos dice: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” Apocalipsis 3:16-17.

Dios quiere que seamos un pueblo que marque la diferencia, un pueblo único, auténtico y original con lo que él ha hecho en nuestras vidas y con lo que nos ha dado.

Pastor: Marcos Pabón

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