Muerte, yo soy tu muerte

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Muerte, yo soy tu muerte

Muerte, yo soy tu muerte

Dios creó al hombre y lo formó, cuando Dios creó al hombre dice que los creó varón y hembra, pero cuando lo formó, primero formó al hombre; hoy desarrollaremos el tema: “Muerte, yo soy tu muerte”.

Lo formó del polvo de la tierra, crear es traer a la existencia algo que no existe, entonces Dios creó al hombre, varón y hembra los creó.

¿Por qué Dios no hizo a la mujer como hizo al hombre? ¿Por qué no tomó del polvo de la tierra e hizo otra figura, así como hizo con el hombre?

Dios quería que la mujer fuese de la misma carne, de los mismos huesos, de la misma naturaleza que el hombre.

Dios después que forma al hombre lo hace entrar en sueño profundo y ahora le practica una cirugía, le hace una mutilación y le extrae un hueso.

Cerró en su lugar carne y de ese hueso que extrae de la costilla del hombre, lo lleva al laboratorio se toma todo el tiempo y fabrica lo más hermoso que hay sobre la tierra.

Hizo a la mujer y se la trajo y cuando Adán la ve dice: ¡oh! Esto ahora es carne de mi carne y hueso de mis huesos y será llamada varona.

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Hay tres declaraciones de Adán:

  • Adán reconoce la igualdad “Carne de mi carne, hueso de mis huesos”, solo que ahora es diferente en el término del sexo.
  • Identifica su naturaleza, varona.
  • Por ser conformada del hombre, formada de la costilla del hombre, es el ser más cercano al hombre y el ser más compatible e inmediato.

Dios se tomó el trabajo de hacerle una cirugía a Adán para hacerle una esposa, una mujer. Después que pasa todo Adán dice:

“Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne”.

Desde entonces se formó la primera sociedad llamada “familia” y Dios le hizo todo, en el proceso de la cirugía de Adán, Dios le dio la esposa.

Así también está escrito: “Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual”.

“El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales”.

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” 1 Corintios 15:45-49.

Jesucristo viene a este mundo y viene a realizar muchas cosas, la Biblia dice: “Vino para cumplir la ley, vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”.

Vino con muchos propósitos a este mundo, quitar el pecado de encima, pagar el precio.

“Cual el terrenal, tales también los terrenales”, como somos terrenales tenemos una esposa terrenal, vivimos en un mundo terreno, tenemos una familia física, pero “Tales también los celestiales”.

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Con el episodio de la cruz, cuando Jesús es crucificado por una decisión de él, es crucificado para llevar la maldición porque escrito está:

“Maldito todo aquel que es colgado en un medero” para que hoy nosotros estemos libres de toda maldición.

Cuando está en la cruz entra en la escena de una operación que le van hacer, pero ahora a él no le colocan un sedante.

Nada contra el dolor, él decide sufrir, no habla y cuando enmudece la gente lo trata mal.

Se burlan de él, pero quiere sentir el peso porque él quiere tener una novia, si a Adán le costó una costilla, este postrer Adán le cuesta la vida.

El sol no tiene ojos, no tiene sentidos, pero el sol está dándose cuenta cómo la gente se está portando indiferente con el que está colgado en la cruz y es el sol el que inicia una gran reverencia, es como diciendo:

“Señor, yo sé quién eres tú porque por tú palabra fui hecho, esta gente no sabe quién eres tú”.

“Permíteme demostrarle a esta gente quién eres, yo sé que me diste un mandamiento que saliera en el día, pero permíteme que cuando yo esté en mi esplendor yo pueda hacer una reverencia que quede en la historia”.

Entonces el sol a plena sexta hora hace una reverencia al Señor, se oculta y no da su brillo por tres horas, con eso le hace reverencia.

Aparte de eso, se le une la tierra, sabemos que cuando Dios mira la tierra, la tierra tiembla.

Pero en esta ocasión la tierra se está dando cuenta que lo que tiene encima de ella lo están tratando mal y ahora la tierra tiembla.

Y las rocas ahora se parten y desde entonces las rocas se partieron, todo porque hay uno colgado en la cruz.

Eso no era normal que pasase, desde ese día jamás y nunca volvió pasar, solo ese día pasó.

Cuando llegó la hora del sacrificio a las tres de la tarde, dice que lanzando un fuerte grito entregó el espíritu y empezó la operación.

Estaban acostumbrados a partir los huesos de los reos para agilizar la muerte.

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Pero cuando llegaron a Jesús ya estaba muerto y se tenía que cumplir la escritura dice, que: “Hueso suyo no tenía que ser quebrantado”.

Ahora hay un soldado que quiere verificar, toma una lanza y traspasa el costado, cuando lo hizo el último poquito de sangre que estaba en su corazón y de su costado, salió agua y sangre.

Porque la esposa que él iba a recibir tenía que venir por estas dos por agua y por sangre.

Antes de que Jesús cargase la cruz, lo primero que él hace es colgar el gozo delante de él: “El cual por el gozo delante de él sufrió la cruz”.

Ese gozo era viendo a la novia pura, la perfecta, la paloma ese gozo lo motivó a sufrir la cruz.

La muerte contenta, estaba haciendo fiesta porque el diablo pensó que viendo morir a Jesús lo iba a vencer.

Pero se equivocó, porque Jesús vino fue a morir para vencer al diablo, pero al tercer día dijo: “Muerte, yo soy tu muerte”.

El aguijón de la muerte es el pecado y le dice Jesús: pero yo nunca pequé y dice la muerte, también tengo el poder del pecado que es la ley y dice Jesús:

“A ti se te olvidó que no vine para abrogar la ley sino para cumplirla”.

Y le quitó las llaves al diablo y se levantó victorioso al tercer día.

Unos días después le estaban esperando los primeros miembros de la esposa:

“Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos” Efesios 5:29-30.

El Señor nos llamó su familia “En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra”.

La simiente de Abraham es Jesús y en él hemos sido bendecidos, han sido bendecidas todas las familias de la tierra.

Si hoy existieran cristianos con el deseo de la Biblia: “Escogería estar yo un día en la casa de Dios que mil fuera de ellos”.

Hermana, usted que ha llorado tanto por su hijo por su hija, usted no ha contado nunca esas lágrimas, pero delante de Dios cada lágrima está contada.

Las veces que le hablas a tu hijo y te contesta mal, eso duele porque eres mamá, pero no te preocupes siembra la semilla de la palabra.

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Esta palabra es vida y usted cada vez que la siembra, aunque vea que no quiere saber nada del evangelio, lance la palabra, siembra la semilla.

¿Sabe cuál es el secreto para que un esposo entienda y comprenda a su esposa?

Es que primero entienda que él es parte del cuerpo de Cristo y cuando lo entiende no tiene lugar para el menosprecio.

“Porque nadie descuidó su carne jamás, sino que la sustenta y la cuida” y el que se ama así mismo, ame también a su esposa y el que ama a su esposa se ama así mismo.

Nosotros estamos en las mejores manos, somos huesos de sus huesos y carne de su carne, quizás no somos la familia más bonita.

No tenemos el mejor apellido, pero si tenemos garantía en esta tierra y en el cielo que somos hijos de Dios.

Los huesos son la estructura del cuerpo humano y los huesos que son el sistema óseo del cuerpo humano esta alimentado por el calcio y uno de los nutrientes que va directamente a los huesos es la leche.

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La palabra de Dios dice: “A todos los sedientos venid a las aguas y a los que no tienen dinero venid y comprad sin dinero y sin precio vino y leche” en Isaías 55 la palabra leche significa alimento.

En 1 de Corintios 3 la palabra leche significa liviandad, en 2 Pedro 2 la palabra leche significa sustento, crecimiento.

Así que los huesos son la estructura del cuerpo humano, el cuerpo de Cristo tiene huesos también y son las estructuras, las doctrinas, los principios que han mantenido a esta familia en pie.

Porque hemos oído su palabra, la hemos puesto en práctica y no hemos dejado de crecer.

Es verdad que hemos cometido errores en esta vida, pero de algo estamos seguros es que el proceso con nosotros aún no se ha terminado.

“El que empezó la buena obra en vosotros la perfeccionara hasta el día de Jesucristo”.

La familia venidera debe fundamentarse en los principios de ayer, como somos huesos de sus huesos y carne de su carne.

Nosotros no podemos dejar de alimentar a nuestros huesos con nuestra leche espiritual.

Esto para que por ella crezcáis para la salvación.

No hay que tomar leche adulterada, hoy en día hay muchos lugares donde nos están vendiendo una idea del evangelio que no es.

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Están predicando doctrinas que no son nuestra doctrina y usted sabe que una de las enfermedades de los huesos es la osteoporosis, pero el cuerpo de Cristo jamás sufrirá de esas enfermedades.

Porque la leche que es la palabra de Dios, nos hará crecer para que por ella crezcamos para salvación.

No podemos quitarle nada a nuestros fundamentos y a nuestros principios, porque son los que han mantenido sólidos nuestros huesos hasta el día de hoy.

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“Pueblo suyo somos y ovejas de su prado” no podemos perder la identidad con la que el Señor nos ha declarado en este mundo.

Mi familia está en las mejores manos, mi familia le pertenece a Dios.

Hay una promesa para tu familia, hay una promesa para tu esposo “Lo que Dios juntó no lo separe el hombre”.

Tenemos promesa de parte de Dios, nadie puede destruir tu hogar.

Cuando usted y yo entendamos que tenemos armas espirituales para contrarrestar las asechanzas de diablo.

Sabemos que cuando nos doblamos y oramos a Dios algo tiene que pasar.

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Eso no es una tradición, cuando oramos a Dios es porque sabemos que hay un Dios que oye y responde la oración.

Necesitamos familias que tengan sed de Dios, hay hogares que dejaron el altar familiar, ya ni siquiera se ora la comida, todo el mundo se acuesta y se levanta como sea.

No dejes que se debiliten tus huesos porque cuando no hay palabra hay gemir en tus huesos.

“Porque será medicina a tu cuerpo y refrigerio para tus huesos”.

No olvides nunca esta palabra, aunque no vaya contigo en la mochila que se quede en el corazón, que viva, que ande contigo, que bueno cuando Dios nos alerta.

Si usted cree que es hueso de los huesos y carne de la carne del Señor, guardémonos para Dios.

Por: Jader Ledesma

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