Si Cristo no muere y resucita no hay iglesia

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Si Cristo no muere y resucita no hay iglesia

Si Cristo no muere y resucita no hay iglesia

Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” 1 Corintios 1:18. Hablaremos sobre: “Si Cristo no muere y resucita no hay iglesia”.

¿Cómo salvó Dios a Adán? ¿De qué manera expió Dios los pecados de Israel? ¿Cómo salvó Dios la iglesia? ¿De qué nos salvó? ¿Para qué nos salvó?

Una sorpresa grande como siempre el diablo se llevó, él esperaba que Dios tratara al hombre como lo trató a él.

Se sabe que el primer pecador del universo se llamó satanás o Lucero hijo de la mañana, Dios no creó un pecador, Dios no creó a satanás, Dios creó un ángel hermosísimo llamado Lucero de la llamada.

Pero fue él quien se convirtió en satanás porque Dios no lo hizo así, obvio que en el corazón del diablo dice Isaías.

Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte” Isaías 14:13.

El pecado de la rebelión nunca lo va a perdonar, Dios le perdona los pecados de la carne, movido por la concupiscencias Dios tiene misericordia pero los de rebelión nunca los ha perdonado.

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Porque la base del reino de Dios es el respeto a la autoridad y eso está decretado en la Biblia.

El pecado de la carne nace con la concupiscencia pero el pecado de la rebelión nace en el pensamiento y se expresan con la lengua.

Vemos la soberbia de una creatura que no se conformó con lo que era, quiso ser igual a Dios.

Pero semejante al altísimo no hay nadie y Dios le dice al diablo “mi gloria no se la doy a otro”.

Y esa creatura se convirtió en la serpiente más asquerosa y más abominable del universo.

Después de todo viene y toda al ser humano que Dios hizo a su imagen y semejanza, Dios no creó diablo a imagen y semejanza de Dios pero si nos creó a nosotros a su imagen.

Esa es el privilegio que tenemos como iglesia, ninguna otra creatura ha sido hecha a la imagen de Dios.

Pero el hombre perdió la imagen de Dios, por eso, Cristo vino a la tierra para rescatar la imagen de Dios para que la iglesia llegue a hacer lo que él quiere desde el principio.

El diablo pensó que así como Dios lo había tratado a él, así también iba a tratar a Adán.

Como la sentencia es “el día de que el comiereis ciertamente morirás”, después de que el diablo hace su trabajo, él se aleja.

Él está afuera del paraíso seguramente esperando dos carrosas fúnebres, porque esa era la sentencia y eso era lo que el diablo esperaba.

Pero mientras el diablo esperaba, Dios estaba en el paraíso hablando con Adán, no los estaba condenando.

Mire lo que hace Dios, que de esa misericordia es que tenemos que agarrarnos.

Dios le extendió cinco cosas, el diablo se quedó con los crespos hechos porque Dios no tuvo misericordia de él.

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A satanás se lo llevó el diablo, mientras que a los hombres nos da un trato diferente.

Dios le extiende a Adán misericordia.

¿Qué es misericordia?

La misericordia es cuando Dios no le da al hombre lo que se merece. Adán merecía morir, es decir, le extendió misericordia.

También le extendió gracia.

¿Qué es gracia?

La gracia es que Dios le dio lo que no merecía y también lo redimió.

Ahí aparecen las pieles de unas víctimas seguramente, si aparecen unas pieles es porque hubo un sacrificio y si hubo un sacrificio es porque hubo un derramamiento de sangre.

Eso está implícito cuando se habla de pieles, ahí hubo un sacrificio y tenía una razón de ser.

¿Desde dónde Dios demanda la sangre para redimir al hombre? Se ve claro, allí desde el paraíso, con la sangre de las víctimas Dios los redimió y con las pieles los vistió.

Quiere decir, que Dios los justificó, justificar quiere decir, que Dios nos justificó con su justicia.

Y con la muerte de las víctimas los sustituyó, desde ahí se sienta la doctrina de la “redención, de la justificación y de la sustitución” basada en la misericordia y en la gracia de Dios.

Dios no lo llamó a usted para que se pierda, todos tenemos un propósito en Dios, Dios no pierde el tiempo, él quiere que usted se salve.

Dios castigó a Adán, lo sacó del paraíso pero lo sacó justificado, redimido y sustituido, o sea, que el diablo se quedó con los crespos hechos y siempre se quedará así, porque somos el trofeo de Cristo.

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Así salvó a Dios a Adán.

¿Cómo fue que nos salvó a nosotros? ¿Cómo fue que Dios expió los pecados de Israel?

Ahora se ve a Abel haciendo lo mismo, a Noé lo mismo, a Abraham lo mismo.

En el pueblo judío había un día especial que se llamaba “el día de la expiación”, el día 10 del mes 7, era santa convocación.

Cada Israel tenía que pasar al tablero, normalmente cada israelita que pecaba tenía que llevar su cordero al lugar de sacrificio para que el sacerdote expiara sus pecados de manera individual.

Pero cada año que se celebraba la expiación, era día de ayuno general, día de reposo solemne, no importaba si era sábado o viernes, todo Israel era convocado.

En el caso del Antiguo Testamento las víctimas morían en lugar del pueblo, la oveja moría por el pastor, en el Nuevo Testamento el pastor murió por las ovejas.

Habían sacrificios, había un cordero, el sacerdote ponía la mano sobre uno de ellos, confesaba los pecados del pueblo, este era llevado a un lugar inhabitado con la sangre del otro cordero el sumo sacerdote tomaba la sangre y roseaba el tabernáculo, los utensilios y el pueblo.

Y luego él tenía que entrar al lugar santísimo, como dice la Biblia, entraba una vez al año con la sangre de un cordero.

Cruzaba el velo, dentro del lugar santísimo estaba el arca del pacto y este tenía una tapa que estaba cubierta por dos querubines y debajo de estos había una poceta que se llamaba “el propiciatorio”.

Estamos desarrollando el tema: “Si Cristo no muere y resucita no hay iglesia”

Una pequeña poceta donde el sumo sacerdote entraba una vez al año y ponía la sangre de un cordero sin mancha y sin defecto, lo hacía allí en nombre del pueblo.

El sumo sacerdote tenía que esperar allí hasta que ocurriera el momento del sacrificio que era normalmente a las 3 de la tarde.

Miles o millones de judíos están afuera esperando alguna situación, un desenlace fatal o agradable.

Si el sacerdote moría porque él se constituía ahí como el mediador, él tenía que pagar con la vida si el pueblo estaba mal y el sacrificio no era aceptado, el sumo sacerdote moría.

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Eso significaba para los judíos un año de escases, de maldición, de guerra, la tierra estéril, no había bendiciones espiritual y material, todo un año.

Si el sacrificio del sumo sacerdote era aceptado, los vestidos de los sacerdotes tenían unas campanillas que al moverse el sacerdote indicaba que el sacrificio era aceptado y el pueblo afuera estaba esperando el sonido de las campanillas.

Cuando se escuchaban las campanillas, el pueblo irrumpía en la alabanza, había glorias afuera porque Dios había aceptado el sacrificio y Dios los había aceptado por un año.

Había bendición espiritual, material, sus enemigos tenían que salir derrotados porque había una especie de redención, la culpa era transferida al cordero, la culpa era expiada o cubierta.

El pecado de ellos no era lavado, era expiado, a través del cordero se otorgaba el perdón a Israel y había fiesta por un año, esa era la situación de los judíos años a año.

Para nosotros ese es uno de los privilegios que tiene la iglesia de Cristo, nosotros no estamos pasando al tablero a ver si Dios nos otorga su misericordia y hay prosperidad este año que empieza, no.

Pero Cristo ofreciendo un solo sacrificio se sentó a la diestra de la majestad de Dios, no tenemos necesidad porque nuestra redención es distinta.

¿Cómo nos salvó Dios a nosotros?

Dios no nos expiado los pecados por un año, no los quitó, Dios nos arrancó el pecado.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” 2 Corintios 5:17.

No estamos aquí porque hayamos sido expiados sino porque hemos sido lavados con la sangre de Cristo.

La iglesia es el tesoro más preciado que tiene el Señor aquí en la tierra.

Había que hacer una cosa especial, porque ya estaba establecido que para que hubiera redención tenía que haber derramamiento de sangre y tenía que haber un sustituto.

Cómo iba a ser eso posible si ningún ser humano llena esos requisitos, porque la sangre de los seres humanos está contaminada.

Se requería entonces que el cielo hiciera un milagro y lo hizo “Dios fue manifestado en carne”.

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Estamos desarrollando el tema: “Si Cristo no muere y resucita no hay iglesia”

No podemos  tratar de explicarlo, solo fue un milagro y es un misterio que no podemos descubrir científicamente.

Dios siendo espíritu se hizo carne, el padre se hizo hijo, el rey se hizo príncipe, el Señor se hizo siervo, el médico se hizo varón de dolores, el león se hizo cordero, el pastor se hizo oveja.

El Dios fuerte se hizo hombre débil, el que lo sabe todo aprendió, el que contesta la oración oró, el soberano de los reinos de la tierra obedeció, el que habita la eternidad se sometió al tiempo y al espacio.

El que es la resurrección y la vida se sometió a la muerte, el temible sintió temor de morir, el que es el agua viva tuvo sed, el que es el pan vivo tuvo hambre, el dueño de todo no tuvo donde recostar su cabeza.

El más rico del universo se hizo pobre, el que es la luz se vistió de tinieblas en el calvario y estando en esa condición tomó nuestra semejanza.

Cristo no es igual a nadie, se hizo semejante y se convirtió en nuestro rescate, muere como sustituto.

No solamente ese sustituto muere  por nuestros pecados y muere voluntariamente.

Todas las veces que el diablo ha metido la cabeza el diablo le ha dado duro, nunca pensó que lo que Cristo hizo en la cruz se iba a convertir en el rescate de la iglesia.

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Si Cristo no muere y resucita no hay iglesia.

Cristo vino y ató el diablo en la cruz del calvario, antes éramos del diablo, Cristo con su muerte en la cruz nos rescató para que seamos de otro y es Jesucristo, el diablo no tiene potestad sobre la iglesia.

¿Dónde estaban sus seguidores? ¿Dónde estaba Pedro cuando Cristo estaba en el Getsemaní? ¿Dónde estaba Jairo cuya hija había resucitado? ¿Dónde estaba la mujer con flujo de sangre?

¿Dónde estaban los diez leprosos a quienes Jesús sanó? ¿Dónde estaba el joven a quien Jesús le creó ojos nuevos? ¿Dónde estaba la mujer adúltera a quien Jesús perdonó? ¿Dónde estaba la mujer samaritana?

Todos lo habían dejado solo ¿Dónde estaba Marta, María y Lázaro? ¿Dónde estaba el hijo de la viuda de Nain? ¿Dónde están los cinco mil que el Señor alimentó? ¿Dónde estaba el endemoniado gadareno?

¿Dónde estaba Bartimeo? ¿Dónde están los que le dijeron un día “bendito el que viene en el nombre del Señor”? ¿Dónde estaba la mujer siro fenicia? ¿Dónde estaban sus hermanos en la carne?

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Solo Jesús en la cruz, pero ahora no está solo, ahora hay una iglesia que él compró en la soledad.

¿De qué nos salvó el Señor?

Nosotros no valíamos nada, no teníamos pacto.

“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.

En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

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Si Cristo no muere y resucita no hay iglesia.

Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” Efesios 2:11-13.

  • El Señor nos salvó de la ley
  • De la maldición de la ley
  • Del pecado
  • Del mundo
  • Nos salvó de la muerte
  • Del diablo
  • Nos salvó del infierno
  • De la gran tribulación
  • De las enfermedades
  • Nos salvó de la ira de Dios
  • De las trasgresiones
  • Quietó la pared intermedia de separación
  • Anuló el acta de los decretos que había contra nosotros
  • Nos salvó de las enemistades
  • De la cautividad
  • De la tentación
  • Nos salvó de principados y potestades
  • Del trono blanco
  • No salvó de la ira del diablo

¿Para qué nos salvó?

  1. Para justificarnos
  2. Para destruir el cuerpo de pecado
  3. Para que seamos de otro
  4. Para revelar la justicia de la ley
  5. Para que seamos glorificados en él
  6. Para que seamos hechos conforme a la imagen Cristo
  7. Para librarnos del presente siglo malo
  8. Para que nos librase de las consecuencias del pecado
  9. Para que la bendición de Abraham no alcanzase
  10. Para que fuésemos santos y sin mancha
  11. Para ser adoptados hijos suyos mediante la santificación
  12. Para alabanza de su gracia
  13. Para que tengamos herencia
  14. Para alabanza de su gloria
  15. Para darnos esperanza
  16. Para que seamos hechura para buenas obrar
  17. Para ser de judíos y gentiles un solo hombre
  18. Para reconciliarnos con la luz
  19. Para anunciar a los que están cerca y a los que están lejos
  20. Para abrir el camino nuevo y vivo
  21. Para edificarnos en el fundamente de apóstoles y profetas
  22. Para revelarnos el misterio de su voluntad
  23. Para librarnos del temor de la muerte

Cristo era el único que podía morir por los hombres pero el santo tenía que morir para que hubiera una iglesia, si Cristo no muere y resucita no hay iglesia.

Porque a través de su muerte habría derramamiento de sangre y sin derramamiento de sangre no hay remisión.

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No podía haber iglesia sino hasta que Cristo fuese resucitado porque la resurrección de Cristo es la que le garantiza la vida a la iglesia.

No podía haber iglesia sino hasta que Cristo ascendiera a los cielos y fuese glorificado para venir a ser cabeza federal de la nueva creación.

No podía haber iglesia sino hasta que el Espíritu Santo se derramara porque el Espíritu Santo es el que garantiza que la iglesia tenga dones y ministerios.

Cristo no vino a adueñarse de nada, la iglesia es lo único que Cristo compró.

Por: Jairo Marín

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