A quién le quieres servir a Dios o Satanás

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A quién le quieres servir

¿A quién le quieres servir?

Esta pregunta que nos hace el apóstol Pablo, nos confronta con una realidad y es que somos esclavos voluntarios. Hoy desarrollaremos el tema: “A quién le quieres servir”.

No es que estamos sometidos por la fuerza y que no podemos librarnos, sino que “¿oh no sabéis que sois esclavos de a quien a que os prestáis como siervos?” Nosotros nos préstamos para servirle.

La gente le sirve a satanás porque quiere y le sirve a Dios porque quiere, el problema sería es a quién le quiero yo servir, quiere servirle a Dios o quiere servirle al diablo.

De pronto has escuchado muchas teorías e ideas del poder de los demonios y satanás y cómo influye en la gente y cómo los espíritus a veces dominan a las personas, las poseen y les hacen hacer cosas que ellos no quieren.

Y eso no es del todo mentira, hay un poder satánico, hay unos demonios pero cuál es nuestra relación con ellos a partir del calvario.

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Cuánto poder tiene el diablo sobre una persona para que no pueda servir a Dios; sino que tenga forzosamente servir al pecado.

Sino hubiera ninguna posibilidad de que las personas pudiesen decidir servirle a Dios perdería mi tiempo al predicar.

Pero no lo pierdo porque sé que Jesucristo ha hecho una obra que hace posible que toda persona le sirva a Dios, si quiere.

Si tú quieres puedes servirle a Dios, es verdad que había un poder satánico que dominaba a este mundo, el hombre pecó y al pecar traspasó su señorío al diablo.

El día que él pecó renunció a ser dueño de lo que Dios había puesto en sus manos, dejó de ser el señor de lo que Dios le había entregado.

Aquel día el hombre renunció a su señorío, el diablo tomó las riendas de todas las cosas y por mucho tiempo esa situación permaneció.

Pero Dios nos había prometido que tarde o temprano vendría una simiente de la mujer que la chafaría la cabeza a la serpiente.

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Si tu alguna vez has estado en el campo y has manejado problemas de serpientes, entonces posiblemente sabrás que si le chafas la cabeza a una serpiente.

Quiere decir, que esa serpiente va a morir, si le cortas una parte del cuerpo es posible que la serpiente siga viviendo.

La simiente de la mujer no vino para enfrentarse al diablo, tener una confrontación y salir exitosa como quien gana un combate y le quedan pendiente otros combates.

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La simiente de la mujer vino para chafarle la cabeza a la serpiente, es decir, para vencerlo definitivamente y con él a todos los espíritus que se rebelaron contra Dios.

La Biblia dice en Colosenses, que el Señor Jesucristo subió a la cruz del calvario y en el calvario puso en vergüenza pública a todos los espíritus demoníacos.

Los clavó en cruz, los venció allí y nos entregó un mundo libre no de la influencia, sino del dominio del pecado y del diablo.

Nosotros decimos que Jesucristo es el Señor y esto no es solo un decir, Jesucristo es el Señor porque dice la Biblia.

Que cuando el fuerte tenía atado a los que había secuestrado, cuando el fuerte había dominado al hombre que vivía aquí como señor, lo sujetó y se convirtió en señor de este mundo.

Apareció el más fuerte y Jesús dice si aparece el más fuerte, vence al fuerte y lo ata, entonces los que estaban atados y secuestrados quedan libres.

La cruz del calvario marca el momento culminante de confrontación entre Cristo y satanás, entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente.

Cristo no fue al calvario solo para sufrir, no solo fue para mostrarnos el amor que tenía, que de hecho nos lo mostró.

Es que mostrando su amor en la cruz del calvario, Jesucristo se confrontó definitivamente con el diablo en el terreno del diablo y en su terreno lo venció.

Todo quedó vencido cuando Jesús dijo “consumado es” estaba terminado, él no vino aquí hacer un experimento, no vino a ver si era posible, tampoco vino a descubrir sus propias capacidades.

Él dijo: “Yo he venido para que tengan vida y en abundancia”, así que cuando Jesucristo vino traía un plan definitivo.

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El diablo fue vencido, los demonios fueron vencidos, nadie podría echar un demonio de una persona si no tuviera la autoridad del que lo venció para echarlo.

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Nosotros lo podemos echar es porque tenemos autoridad del vencedor y el vencedor se llama Jesucristo.

Y él nos ha dado autoridad sobre todas las enfermedades y demonios porque él los venció en la cruz del calvario.

El día que Jesucristo resucitó tuvo una cosa interesante que mostrar al mundo.

Por ahí la gente piensa que el diablo puede llevar turistas al infierno.

Yo escuché que alguien dijo que el diablo lo había llevado y le había mostrado el infierno” eso es falso.

El diablo no tiene capacidad, ni autoridad para llevar turistas al infierno porque el infierno no es un lugar para turistas.

El infierno es una cárcel que Dios construyó para el diablo y sus ángeles.

Cuando el diablo venció a Adán, le quitó todo lo que era símbolo de autoridad entre ello las llaves de la puerta.

Pero cuando Cristo Jesús murió en la cruz del calvario, estuvo 3 días y 3 noches sepultado.

Se levantó victorioso de entre los muertos y en las manos traía las llaves del infierno y de la muerte.

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Así que Cristo no salió con las manos vacías, no murió en vano, no se confrontó para ver si era posible ¡no!

Cuando se levantó de la tumba tenía las llaves del infierno y de la muerte.

Cristo ha vencido y no es un Señor a medias es un Señor total

Cuando estuvo aquí dominó la enfermedad, sanó enfermos, si el diablo hubiese tenido suficiente poder para impedirlo.

Jesucristo no hubiese podido sanar los enfermos pero Jesucristo mostró que él tenía toda autoridad.

Pudo resucitar muertos, si la muerte hubiera tenido mayor dominio que el de Jesús.

Él nunca hubiera podido hacer eso pero él tenía las llaves del infierno y de la muerte, Jesucristo tenía la autoridad suficiente.

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A quién le quieres servir.

Si el diablo hubiese tenido tal poder sobre los pecadores que una vez en sus manos no pudiesen zafarse de ellas.

Entonces Cristo nunca hubiese podido salvar al pecador pero Cristo está salvando a los pecadores es porque tiene el poder suficiente para salvarlos y no hay diablo, ni demonio que pueda impedirlo.

El día que un hombre decide levantarse de su lugar y decir “voy a servir a Cristo”.

Le aseguro que no hay diablo, ni demonio que pueda impedirlo, inténtelo, levántese de su sitio de esclavitud voluntaria y verá que puede servir a Cristo.

Si yo quiero le sirvo a Dios, si yo no quiero, entonces le sirvo al diablo ¿Por qué depende de mí querer?

Porque lo que yo no podía hacer Cristo lo hizo por mí, yo no podía vencer a satanás solo, él me hubiera ganado por eso yo no fui al calvario.

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Cuando satanás fue al calvario a ver al que había llevado allá; al que él había vencido; pensaba él, para cerciorarse que estaba muerto y bien muerto.

Se encontró con la sorpresa que el que estaba allá era poderoso para vencerlo y se encontró vencido cuando menos lo esperaba.

Así que hermano y amigo, revélate contra el diablo, revélate contra el pecado y descubrirás que:

Las cadenas están rotas, Cristo las rompió en la cruz del calvario.

Por: Álvaro Torres

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